Cuentos

editado enero 2013 en Plaza Mayor
ELECCIONES INSÓLITAS (Julio Cortázar)

No está convencido.No está para nada convencido

Le han dado a entender que puede elegir entre una banana, un tratado de Gabriel Marcel, tres pares de calcetines nilón, una cafetera garantida, una rubia de costumbres elásticas o la jubilación antes de la edad reglamentaria, pero sin embargo no está convencido.

Su reticencia provoca el insomnio de algunos funcionarios, de un cura y de la policía local.

Como no está convencido, han empezado a pensar si no habría que tomar medidas para expulsarlo del país.

Se lo han dado a entender, sin violencia, amablemente.

Entonces ha dicho: “en ese caso, elijo la banana”.

Desconfían de él, es natural.

Hubiera sido mucho más tranquilizado que eligiese la cafetera o por lo menos, la rubia.

No deja de ser extraño que haya preferido la banana.

Se tiene la intención de estudiar nuevamente el caso.
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Comentarios

  • 8-> Me encanta!
  • INSTRUCCIONES PARA CANTAR
    (J.Cortazar "Historia de Cronopios y de Famas")

    Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire
    vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si
    oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el
    miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en
    cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por
    donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan, un
    tacto de dedos, una sombra de caballo.
    Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y
    deje en paz a Schumann.
  • Buenísimo! la carcajada mañanera, dedicada!
    ^:)^
  • editado enero 2013
    Anda que........ estáis cuentistas hoy.  :-?

    Una con su neurona, ha tenido que leer cada uno dos veces. Y si, la banana no estaba para ser elegida
    b-(

    ME ENCANTA!!!!
    (Estoy empezando a pensar que me dejáis estar aquí para ver si los "mortales" pueden entender vuestras filosofadas.Pues si, las medio entiendo)
  • :)
    Y que vivan los cronopios!
  • editado enero 2013
    Chus!!!
    :)). (se supone que se ríe el emoticon)
  • Manou creo que escribimos al mismo tiempo, jajajaja
  • Chus!!!
    :)). (se supone que se ríe el emoticon)
    hay que entrar en editar y quitarle la nariz. así empieza a reirse ;))
  • editado enero 2013
    :)
    Y que vivan los cronopios!
    ¡¡ Vivan !!   :)
  • Ayer mi hija me hizo un regalo. Me pidió que le leyera en voz alta "El Principito" y a diferencia de otras veces que no llegaba mas allá del capítulo de los baobabs, esta vez quería escuchar todo el cuento. Por supuesto estuvo mientras jugando, saltando, revoloteando a mi alrededor..... pero si paraba me pedía que siguiera. Era como si fuera un lector de tabaquería (una de las profesiones mas admirables de Cuba que habría que exportar). 

    Y digo que me hizo un regalo porque me emocioné al leerlo de nuevo después de tantos años. Que preciosidad de libro, es pura poesía. Tiene pasajes memorables. Aquí os dejo un fragmento precioso: 

    —Lo que es importante, eso no se ve..... 
    —Ciertamente...
    —Es como con la flor. Si amas a una flor que se encuentra en una estrella, es agradable mirar al 
    cielo por la noche. Todas las estrellas están florecidas.
    —Ciertamente...
    —Es como con el agua. La que me has dado a beber era como una música, por la roldana y por la cuerda...  ¿te acuerdas?... Era dulce 
    —Ciertamente...
    —Por la noche mirarás las estrellas. No te puedo mostrar donde se encuentra la mía porque mi casa es muy pequeña . Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Todas serán tus amigas. Y luego te voy a hacer un regalo....
    Volvió a reir 
    —¡Ah, hombrecito..... hombrecito..., ¡ Me gusta oir tu risa! 
    —Precisamente será mi regalo. Será como con el agua... 
    —¿Qué quieres decir?
    — Las gentes tienen estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías. Para otros no son mas que lucecitas. Para otros que son sabios, son problemas. Para mi hombre de 
    negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no hablan. Tú tendrás estrellas como nadie las ha tenido...
    —¿Qué quieres decir? 
    —Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!
    Y volvió a reir
    —Y cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. 
    Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así.... por placer....y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando al cielo. Entonces les dirás, " Si, las estrellas siempre me hacen reír ", y ellos te creerán loco. Te habré hecho una muy mala jugada...
    Y volvió a reir.
    —Será como si te hubiera dado en lugar de estrellas, un montón de cascabelitos que saben reír...
  • editado enero 2013
    gracias por el regalo Paco, el regalo de tu niña circula ahora por el mundo
    >:D<
  • Este va dedicado a Manou   :-*


    Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
        
    Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

    Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

     Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

    (Julio Cortázar)
  • Me había perdido este último cuentoooo, jajaja, me encanta! (Lidia me ha preguntado, "¿y qué tiene que ver este cuento con Manou?").... ahí queda eso...  ;))
  • editado marzo 2013
    Y me da a mi que tu Lidia, al igual que el Principito, nunca permites que una pregunta se quede sin respuesta....... 

    Pues porque Manou para mi es muy cronopia, por como siente la vida y se deja llevar por sus instintos. Porque prefiere sentir a hacerse la pregunta de por qué siente............. y porque le tengo un aprecio inmenso por lo mucho que me hace aprender de mi mismo, porque para mi Manou es pura "inspiración cronopia". 

    Y ahora Lidia, que tampoco te imagino del todo satisfecha con la respuesta, intuyo que estarás haciendo tus cavilaciones de que tendremos Manou y yo para lanzarme a escribir esto de ella.  :))

    :-*  Este besito es para ti Lidia. Yo se que a ti estas cosas te encanta saberlas con detalle. Las relaciones humanas son apasionantes, ¿verdad?.  ;)
  • editado marzo 2013
    >:D<
    Hay cosas que son difíciles de explicar. Hay historias con las que nos sentimos reflejados, que nos hacen comprender cosas profundas, que nos hacen vibrar hay personas que nos recuerdan a historias, hay personas que nos hacen sentir en casa... Personas que nos hacen sentir acompañados en este largo y mágico viaje.
  • Porque prefiere sentir a hacerse la pregunta de por qué siente.............
    ¡Jo! Quiero.
  • editado marzo 2013
    Y este dedicado a Anna,  "enormísima cronopia".  :-*   :x

    Instrucciones para cantar
    Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan un tacto de dedos, una sombra de caballo.......

    (Julio Cortázar)
  • gracias Paco >:D<

    pero ya lo puse antes, justo ese. :P
    INSTRUCCIONES PARA CANTAR
    (J.Cortazar "Historia de Cronopios y de Famas")

    Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire
    vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si
    oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el
    miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en
    cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por
    donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan, un
    tacto de dedos, una sombra de caballo.
    Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y
    deje en paz a Schumann.

  • un relato  para ti, Paco, de uno de los míos. Con pocos años de vida descubrí la literatura con este loco y pocos han sabido instalarse en mi cabeza como él.


    REVOLUCIÓN

    Slavomir Mrozek  (Polonia, 1930)


    En mi habitación la
    cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me
    aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo
    me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
    Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o
    mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y
    la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a
    animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista
    que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a
    la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida. Pero al cabo
    de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la
    incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez
    el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es
    más que inconformista. Es vanguardista. Pero al cabo de cierto tiempo…
    Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en
    medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era
    necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si
    dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio
    verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el
    inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay
    que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario. Cualquiera que
    haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante
    incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón
    de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta.
    Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también
    se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a
    acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-,
    sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues
    el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo
    habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia
    física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí
    del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un
    tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio,
    porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo
    aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el
    aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…

     

    “Revolución” de S. Mrozek. Perteneciente a la obra La vida difícil
  • Mil gracias Anna por el relato. Buenísimo. 

    Mil perdones por mi torpeza. Pero que sepas que aunque es cierto que el subconsciente nos juega a veces malas pasadas, yo intuyo que no es porque tu lo pusieras antes que me ha recordado a ti el relato. 

    :-*
  • Este relato me ha arrancado una risilla , ¡gracias!
  • Mil gracias Anna por el relato. Buenísimo. 

    Mil perdones por mi torpeza. Pero que sepas que aunque es cierto que el subconsciente nos juega a veces malas pasadas, yo intuyo que no es porque tu lo pusieras antes que me ha recordado a ti el relato. 

    :-*
    a mi también me recuerda a mi, es de mis favoritos. gracias.
    sabes, recuerdo cuando un día me hablaron de cronopios (el contexto era otro) y yo pregunté que era un cronopio.
    aluciné, pues no había visto en "cronopio" a "kronop" que yo había conocido en polaco años atrás.
    y de repente apareció.

    lo que yo leía se llamaba: "Opowieści o kronopiach i famach"
  • para todos los lectores de cuentos, que han puesto un "me gusta"  uno más de Mrożek.

    Un rebelde

     
     
     “Se sentó delante de mí, aunque no le está permitido sentarse en mi presencia, y
    dijo, aunque no le está permitido hablar de sus propios asuntos:
    —Desde que llegaste al mundo cuido de ti. No tendría nada en contra, puesto que
    éste es mi destino, si no fuera porque sólo me está permitido aconsejar y en cambio no
    puedo ordenarte ni prohibirte nada. Haces lo que quieres, y lo que quieres, por lo
    general, es todo lo contrario de lo que yo te aconsejo.
    Dio un profundo suspiro, con lo que se levantó un fuerte viento, ya que su pecho era
    poderoso. Los papeles de mi mesa se arremolinaron y cayeron al suelo. Me arrodillé
    para recogerlos contento por esa interrupción, porque él tenía razón y yo no podía
    objetarle nada. De modo que preferí no mirarle a la cara.
    —Por si fuera poco, no sólo tengo que ser tu consejero, sino también tu sirviente. Por
    ti mismo no sabes nada, porque eres pequeño, inútil e indefenso. Todo lo que consigues
    es gracias a mí. Con esto podría incluso conformarme. Pero tú, aunque no eres más que
    un puntito en el universo, me vienes siempre con exigencias, ya que tus deseos y tus
    ambiciones son mayores que el Universo. Nunca estás contento, por mucho que haga
    por ti, y tomo a Dios por testigo de que he hecho no pocas cosas. No eres más que un
    reflejo de mi fuego, es decir, eres un resultado mío y no tu propia causa. Y sin embargo,
    te comportas como si fuera yo quien no puede existir sin ti y no al revés.
    Se tapó los ojos con una mano y se hizo de noche. Me levanté porque me había
    quedado ciego y no podía seguir recogiendo los papeles desparramados por el suelo.
    Sólo al cabo de un rato recobré la vista, lo cual quería decir que durante ese rato él había
    permanecido meditando tapándose los ojos con la mano antes de que los destapara y se
    hiciera de nuevo la luz.
    —Por qué un ser superior ha de servir a un ser inferior es para mí un misterio. Va en
    contra del principio de la jerarquía, que es el principio fundamental de Universo, y la
    relación entre nosotros es la única excepción a este principio. Si me atreviera a discutir
    los juicios del Ser Supremo, diría que sólo gracias a una perversión suya es posible
    semejante aberración. Te he servido con fidelidad pese a que te supero. He procurado
    satisfacer tus antojos, aunque por lo general no eran dignos ni siquiera de ti, de mí ya ni
    hablemos. He hecho realidad tus sueños y tus deseos, aunque sabía de antemano que
    aparte de la desgracia, sinrazón y fealdad nada más surgiría de ellos. He puesto a tu
    disposición unos medios que valían más que tus objetivos. Y todo porque soy tu siervo.
    Se levantó y atravesó el techo con la cabeza. Ahora su voz me llegaba desde arriba,
    desde más arriba del tejado, desde más arriba de las nubes.
    —Estoy harto de esta humillación, me marcho de aquí, pues no es éste mi sitio, y me
    voy adonde pertenezco. Llámalo la rebelión de los ángeles, pero cuídate de compararla
    con aquella primera rebelión. Entonces una fuerza alta se rebeló contra la más alta, y
    ahora no puede soportar servir a la más baja.
    Dicho lo cual, desapareció.
    Sin prisas fui a la cocina y me hice un huevo duro. Comí. Cogí un diario, leí la
    sección de anuncios breves, lo dejé. Bostecé una y otra vez. Por fin me acerqué a la
    ventana. No me equivoqué, estaba al otro lado de la calle mirando hacia mi ventana. Me
    tumbé en el sofá para dormir un poco antes de que volviera y todo comenzara de nuevo.
    No era la primera vez que me abandonaba para siempre mi ángel de la guarda, mi
    daimón. Con todo, me da pena. No me gustaría estar en su pellejo”.
     
     
  • este cuento me acaba de llegar y me pareció tan bonito que enseguida pensé en compartirlo con vosotros

    INCOMPRENSIÓN


    • Carmen Muñoz conoció a Juan González en la primavera del año en el que
      los perros salvajes se multiplicaron como moscas y que precedió a la
      gran inundación. Los perros correteaban por los campos en tal cantidad
      que echaban a perder los sembrados, asomaban por todas partes, tenían
      ojos bonachones y la lengua siempre fuera, y no estaba del todo claro de
      qué podían alimentarse habiendo tantos. La gente se acostumbró a ellos,
      les daban patadas a los perros en lugar de a las piedras del camino, y
      al año siguiente, cuando la mayoría se ahogó durante la inundación o se
      fue nadando a saber dónde, a menudo nos acordábamos de sus perrerías.


      Carmen fue a por Juan a la torre de telecomunicaciones bajo la que Juan
      solía sentarse a ver pasar las horas. Ese día no pudo concentrarse
      demasiado en su habitual observación de hormigas y mariposas.

      - “Me encantan tus ojos”, le dijo ella, y se sentó delante de él.

      juan-torre-“¿Y los hombros?” Preguntó desconfiado.


      -“Los hombros también, tienes los hombros más hermosos del mundo. Sin
      tus hombros mi vida no tiene sentido”, decía para convencerlo. “Si a
      cualquier otra se le ocurre abrazarte le daré caza con una escopeta.
      Toda mi vida no he hecho más que esperarte”.

      Juan se encogió de hombros y se marchó a casa con Carmen.


      Y pasaron los días. Por la noche dormían juntos, fuertemente abrazados,
      y por el día planeaban cómo celebrar el aniversario de su encuentro y
      compromiso. “Me encantan tus ojos”, le decía Carmen cada día. “¿Y los
      hombros?” le preguntaba él desconfiado. “Tus hombros son los más
      hermosos del mundo, sin ti mi vida no tiene sentido, toda la vida no he
      hecho más que esperarte, si se te acerca alguna vez la hija del
      verdulero le doy caza con una escopeta”, contestaba Carmen, incluso
      cuando la hija del verdulero se fue a casarse quién sabe dónde.


      Y pasaron los días. Juan, al principio, por costumbre, todavía fue
      durante un tiempo a observar mariposas y hormigas bajo la torre de
      comunicaciones, y con el paso de los meses olvidó por completo a qué iba
      a ese lugar. “¿Te gustan mis ojos?” Le preguntaba a Carmen. “Sin ti mi
      vida no tiene sentido”, decía Carmen y por la noche la despertaban
      sueños en los que el Diablo la perseguía bajo diversas formas. Juan dejó
      de dormir totalmente y Carmen empezó a estudiar un curso telepático de
      alimentación saludable. Aprendió a distinguir la carne de cerdo de la de
      ternera y a determinar cuándo llegará el fin del mundo, y se olvidó por
      completo de la celebración del compromiso y el encuentro. El profesor
      telepático estaba sin embargo insatisfecho con Carmen como profeta.
      “Alguien cerca de usted la protege entre sus alas, la limita. Cómprese
      una nueva falda y una barrita energética del catálogo”. En cuanto llegó
      el paquete con la nueva falda y la barrita energética, anunció a Juan,
      que no se dejaría mantener así en una jaula ni seguiría soportando los
      límites que le imponía, que no permitiría que continuara protegiéndola
      entre sus alas. “Sin Carmen mi vida ni tiene sentido”, se le ocurrió a
      Juan, “tiene unos ojos preciosos”. Y así otra vez escuchó lo que él
      mismo estaba acostumbrado a escuchar durante años, pero ahora ya no se
      trataba de sus ojos y sus hombros. Y no estaba dedicado a sus oídos.


      hormigasY pasaron los días. Ese año los perros salvajes se
      multiplicaron como moscas, estaban hambrientos, algunos atacaban a la
      gente. Juan acudía regularmente a la torre de telecomunicaciones,
      contaba sin interés mariposas y hormigas, pero nunca apareció nadie.

      Antonin Kosik
    • CIUDAD DE LOS PERROS
      JUNTOS EN LA TORRE OBSERVANDO HORMIGAS Y MARIPOSAS
      HORMIGAS
      JUAN SOLO



  • me encanta absolutamente:


    Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
    Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68
  • Entre esto y todas las historias de cronopios que estáis poniendo, me doy cuenta de que tengo que releer a Cortazar... tendré que ir a la biblio, porque hasta que saquemos las cajas de la mudanzaaaaa

  • Os superáis en este hilo, me chifla empezar así el día, miles de gracias por vuestro esfuerzo! es un gustazo leer esta selección tan apasionada!  :x
  • editado marzo 2013
  • editado marzo 2013
    Este libro nos lo estamos leyendo por las noches Lucía y yo y nos está encantando. Os pongo un extracto de uno de los cuentos, que a su vez le da nombre al libro. 

    CUANDO EL MUNDO ERA JOVEN TODAVÍA 
    (Jürg Schubiger)

    "Cuando el mundo era joven todavía, hubo que empezar por aprender a vivir. Las estrellas se reunieron para formar figuras. Algunas ensayaron al principio una jirafa, después una palmera y luego una rosa, hasta que inventaron la Osa Mayor. Otras formaron una pequeña niña de la que surgió después Virgo. Mientras tanto otras estrellas habían formado un sagitario, un dragón, un toro o un cisne.

    Las piedras lo tenían más fácil. Se volvieron duras y pesadas en el acto. Fueron las primeras cosas acabadas.

    El sol comenzó a brillar, aprendió a salir y a ponerse. Cualquier otra cosa que intentara no le salía. Por ejemplo, cantaba. Pero su voz ronca asustaba al mundo entero, que aún era nuevo y sensible.

    Durante mucho tiempo la luna no supo lo que tenía que aprender. ¿De verdad tenía que brillar? De día contestaba que no; de noche, que sí. Como no podía decidirse, hacía lo siguiente: engordaba y adelgazaba, se llenaba y se vaciaba. Lo que sí aprendió fue el cambio constante.

    El agua aprendió a fluir. Lo consiguió cuando notó que para ello sólo había un camino: siempre hacia abajo, hacia abajo.

    El viento estuvo quieto durante mucho tiempo. Por eso al principio no era nada ni nadie en realidad. Pero entonces descubrió que podía soplar.

    Era fácil vivir. A cada uno le bastaba descubrir qué era exactamente lo fácil. Para el fuego era algo distinto que para la madera; para el pez, algo diferente que para el pájaro; para la raíz, algo diferente que para la rama.

    El mundo se tomó su tiempo para organizarse. Después todo marchó solo. La lluvia no tenía más que caer de las nubes para verterse sobre la tierra, las personas no tenían más que abrir los ojos para ver lo bueno que era todo. Si cada uno hacía lo que le resultaba más fácil, el mundo quedaba ya bastante ordenado."
  • LA INVITACIÓN
    (Jürg Schubiger)

    Verano en el jardín. Bajo el peral, chispeantes insectos. Ellos zumbaban; yo canturreaba con ellos. Estaba sujetando una malva a un bastón, quitando malas hierbas, haciendo esto y lo otro, entre una cosa y otra, nada.
    Entonces me habló una abeja:
    - Hoy se casa nuestra reina - dijo - . Mi pueblo y yo necesitamos un padrino.
    Te hemos elegido a ti.
    Me quité la tierra seca de los dedos.
    - Gracias - dije - ¿Qué debo ponerme?
    - Alas - dijo la abeja.
  • Que bonitos Paco! Me apunto el libro!


  • El mundo se tomó su tiempo para organizarse. Después todo marchó solo. La lluvia no tenía más que caer de las nubes para verterse sobre la tierra, las personas no tenían más que abrir los ojos para ver lo bueno que era todo. Si cada uno hacía lo que le resultaba más fácil, el mundo quedaba ya bastante ordenado."

    =((  Ahí le ha dado! y nos complicamos tanto... precioso, Paco!
  • Si, el libro está cargado de detalles preciosos, situaciones hilarantes y frases geniales. Ha sido todo un descubrimiento. También tiene sus cosillas, por supuesto, hay algunas historias o parte de ellas que no me gustan tanto. Pero en general está muy bien el libro, muy bien. 
  • editado marzo 2013
    Este es el preferido de Lucía

    EL CAMELLO DE BAGDAD
    (Jürg Schubiger)

    Un camello se había perdido en la ciudad de Bagdad. Preguntó por el camino a un policía:

    -Perdone,¿por dónde se va a la estación?
    -¿Se va usted de viaje?-preguntó el policía estirando el cuello.
    -No-dijo el camello-.Quiero ir al restaurante de la estación. Los viernes ponen heno fresco.
    -Pero hoy es sábado-replicó el policia.
    -Mucho mejor-dijo el camello-:así no habrá heno otra vez.

    El policía le explicó el camino al camello:

    -Tuerza por la segunda calle a la derecha y, cuando llegue a una plaza,vaya al quiosco de tabaco de la izquierda y siga recto.
    -Gracias-dijo el camello.

    Dio unos pasos, pero luego volvió otra vez:

    -Perdone,¿dónde está la izquierda?-preguntó-La derecha siempre sé dónde está, pero la izquierda...
    -La izquierda está donde no está la derecha-dijo el policia-,señalando con la mano derecha el brazo izquierdo.
    -¿Tan fácil es?-dijo el camello-.Entonces basta con que sepa dónde está la derecha.
    -Eso es-confirmó el policía.

    El camello se fue.Aunque ya sabía todo lo necesario para llegar a la estación, no la encontró y llegó a otro restaurante.Pero no importa.Allí ponen heno fresco todos los sábados.
  • RESPETAR LAS OPINIONES


    Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de un pariente, cuando vé a
    un japonés poniendo un plato de arroz en la tumba vecina. El hombre se
    dirige al japonés, y le pregunta:

    - Señor, disculpe, pero ¿cree usted que de verdad el difunto comerá el arroz?

    - Si, respondió el japonés... Cuando el suyo venga a oler sus flores.


    Respetar las opciones del otro, es una de las mayores virtudes que un
    ser humano puede tener. Las personas son diferentes, actúan diferente y
    piensan diferente. Solamente comprende.

    Feliz día
  • Que bonito Anna :x
    Hoy me viene especialmente bien.
  • (llegó esta pequeña historia a mí, y quería compartirla)

    Dos monjes Zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer joven y hermosa, que también quería cruzar, pero tenía miedo. Así que un monje la subió sobre sus hombros y la cruzó hasta la otra orilla.

    El otro monje estaba furioso, no dijo nada, pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debe tocar nunca a una mujer, y este monje no solo la había tocado, sino que la había cargado sobre sus hombros.

    Recorrieron varias leguas, y cuándo llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia su compañero, y le dijo:

    - "Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido."

    - "¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido?"- le dijo el otro.

    - "¿Te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros." le dijo que monje que estaba enojado.

    El otro monje se rió y luego dijo: " Sí, la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando...".

  • El pecado de ser
    original. Una semblanza de Simón Rodríguez

    Eduardo Galeano

          En América Latina,
    las esta­tuas que faltan son casi tantas como las estatuas que sobran. Una de
    las que faltan, o por lo menos escasean, es la de don Simón Rodríguez, llamado
    “El loco”. Este personaje de la primera mitad del siglo X1X parece de la semana
    pasada. Por ser digno de tanta memoria, ha sido condenado al olvido el hombre
    que cometió el imperdonable pecado de ser ori­ginal.



    Usted, maestro mío, me enseñó la libertad. Usted ha
    formado mi co­razón para lo grande y lo hermoso”, le escribió el otro Simón,
    Simón Bolívar. A fines del siglo XVIII, los dos Simones cabalgaban por la
    llanura venezolana. Antes de dormir bajo los árboles, don Simón tomaba la
    lección al jo­ven Bolívar. En 1797, en el puer­to de La Guayra, Bolívar 
    despidió a su maestro, que se marchó, disfrazado y con otro nombre, al exi­lio
    en Europa. La primera conjura por la independencia había fracasado y los amigos
    de don Simón se ba­lanceaban en las horcas de la Plaza Mayor de Caracas.

    Un cuarto de siglo anduvo den Simón al otro lado de la
    mar. En Europa, fue amigo de los socialistas de París, Londres y Ginebra;
    trabajó con los tipógrafos de Roma y químicos de Viena, y hasta enseñó primeras
    letras en un pueblito de la estepa rusa. En 1805, en el Monte Sacro de Roma,
    Simón Rodríguez y Simón Bolívar juraron la libertad de América, en solemne
    ceremonia que provocó risitas y estupores en los italianos que pasaban por ahí.
    Bolívar que había viajado a Europa para visitar a su maestro, regresó a Ve­nezuela.
    Desde allí, emprendió la guerra.

    Cuando España ya ha­bía sido derrotada en los campos de
    batalla, don Simón Rodríguez vol­vió del exilio. Bolívar lo envió a la ciudad
    de Chuquisaca para que or­ganizara el nuevo sistema educativo en un país recién
    nacido que fue llamado Boli­via en homenaje al Libertador.

    Aquello desató un escándalo. Don Simón puso en práctica
    sus ideas con tres mil niños, mil de los cuales habían sido recogidos en las
    calles. La escuela modelo de Chu­quisaca, escuela-taller, desarrolló algo así
    como un plan piloto de lo que podría ser la educación de la li­bertad en
    América del Sur. En una escala hasta entonces imposible, don Simón pudo
    traducir su proyecto en actos:

    ‘Enseñar es enseñar a pensar. Mandar recitar de memoria
    lo que no se entiende, es hacer papagayos... Enseñen a los niños a ser
    preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les manda hacer, se
    acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad, como los limita­dos, ni a
    la costumbre, como los es­túpidos.”

  • Chillaron las beatas, graznaron los doctores, aullaron
    los perros. Este loco estaba mezclando a los ni­ños de mejor cuna con los
    náufra­gos de la calle, y también mezclaba a los niños con las niñas. Ricos y
    po­bres, machos y hembras, se sentaban todos juntos, pegoteados, y para col­mo
    estudiaban jugando. En las aulas no se escuchaba el catecismo ni los latines de
    sacristía ni las reglas de gramática sino un estrépito de cierras y martillos,
    insoportables a los  oídos de frailes y leguleyos educados en el desprecio
    del trabajo manual:


    “los barones deben aprender los tres oficios albañilería
    carpintería y herrería, porque con tierras maderas y metales se hace4n las
    cosas más necesarias . Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para
    que no se prostituyan por necesidad , ni hagan del matrimonia una especulación
    para asegurar su subsistencia”.

     

    El prefecto de Chuquisaca enca­bezó la campaña contra
    este sátiro que había venido a corromper “la moral de la juventud”. Y al poco
    tiempo, el mariscal Sucre, presiden­te de Bolivia, exigió a don Simón Rodríguez
    la renuncia, porque no había presentado sus cuentas con la debida
    puntillosidad. ni había cum­plido en fecha con otros requisitos burocráticos.
    Don Simón se fue y, entonces, los dueños del poder echaron un suspiro de alivio
    y pu­dieron destinar los dineros de la educación pública a la fundación de
    casas de misericordia y de institutos de caligrafía  para el bello sexo.

    Corría el año 1826. El expulsado inicio una peregrinación
    de treinta años a lo largo de la cordillera de los Andes. Siempre a lomo de
    mula, pobre y porfiado como una mula , levantando polvo por los caminos de
    América: 

    “No quiero parecerme a los árboles que echan
    raíces. Quiero ser viento.”

    Por donde pasaba fundaba escuelas y fabricas de velas y
    de jabones para financiar las escuelas. Este viejo vagabundo, calvo y feo y ba­rrigón,
    curtido por los soles, lleva­ba a cuestas un baúl lleno de manus­critos
    condenados por la absoluta falta de dinero y de lectores. Ropa no car­gaba. No
    tenía más que  la puesta.

    Bolívar jamás recibió ninguna de las cartas que don Simón
    le envío. En 1830, mientras en Bogotá quemaban la efigie del Libertador en las
    calles, y en Caracas lo declaraban oficialmen­te “enemigo de Venezuela”, don
    Simón Rodríguez publicaba un en­cendido panfleto en su defensa. Bolívar murió
    si saberlo; y casi nadie se enteró. La revolucion de Independencia habia sido
    secuestrada por los mercaderes y los traidores, y don Simón predicaba en el
    desierto:
    “¿Dónde iremos a buscar modelos? –clamaba - . Somos
    independientes, pero no libres”.

    Lo llamaban el loco. Casi nadie lo escuchaba, nadie le
    creía. La gente apretaba los dientes para no reírse , cuando lanzaba sus
    peroratas sobre el trágico destino de estas tierras hispanoamericanas:

     “Estamos ciegos, ¡ciegos!”

    Los ideólogos del poder exalta­ban las virtudes del
    papagayo. En aquel entonces, como ahora, se re­compensaba a quien sabía copiar
    y se maldecía a quien quería crear. Don Simón iba de pueblo en pue­blo, de
    ciudad en ciudad, en las montañas andinas y las costas del Océano Pacífico,
    increpando a quie­nes mandaban:

    “Vean la Europa, cómo inventa, y vean nuestra América,
    cómo imi­ta. La América no debe imitar servil­mente, sino ser original. ¡Imiten
    la originalidad, ya que tratan de imi­tar todo!”

    Incapaces de voz propia, los due­ños del poder sólo
    podían pronunciar ecos. Economía de importación, cul­tura de importación:
    consumiendo productos británicos, simulaban ser ingleses; recitando en francés,
    simu­laban ser franceses. En 1851, don Simón seguía sembrando escándalos:

    En Latacunga, en Ecuador, propuso al rector del colegio
    mayor que enseñara física en lugar de teología, que le­vantara una fábrica de
    loza y otra de vidrio, y que implantara maestranzas de albañilería,
    carpintería y herrería. Y, para colmo, propuso también que la lengua indígena,
    el quechua, susti­tuyera al latín.

    “En lugar de pensar en medos, en persas, en egipcios,
    pensemos en los indios. Más cuenta nos tiene entender a un indio que a Ovidio.
    Emprenda su escuela con indios, señor rector.”

    De vez en cuando, los grandes hacendados contrataban a
    don Simón como maestro de sus hijos, a cambio del tabaco la comida, pero poco
    le duraban los empleos. Lo te­nían por judío, porque iba regando -, hijos por
    donde pasaba y no los bau­tizaba con nombres de santos cató­licos, sino que los
    llamaba Zanaho­ria, Papa, Choclo, Zapallo y otras herejías. Y se rumoraba que
    una de sus escuelas, la de Concepción, en Chile, había sido arrasada por un te­rremoto
    que Dios había enviado porque don Simón enseñaba anato­mía paseándose en cueros
    ante los  alumnos. “El loco” había cambiado tres veces de
    apellido y decía que había nacido en Caracas, en Filadelfia o en Sanlúcar de
    Barrameda:

    “No soy vaca para tener queren­cia. Nada me importa el
    rincón don­de me parió mi madre. Mi patria es el mundo, y todos los hombres son
    mis compañeros de infortunio”.

    Estaba cada día más solo. El más audaz, el más querible
    de los pen­sadores de América, cada día más solo. A los ochenta años escribió:

    “Yo quise hacer de la tierra un pa­raíso para todos. La
    hice un infier­no para mi”.

    En 1854, en el pueblo peruano de Amotape, cayó enfermo.
    Un testigo contó que apenas don Simón vio que entraba el cura, lo hizo sentarse
    en una silla, se acomodé en la cama y le echó “algo así como una diser­tación
    materialista”. El sacerdote, estupefacto, no consiguió inte­rrumpirlo. Don
    Simón concluyó su discurso, se desplomó y murió.

  • editado abril 2013
    Guau! genial!
    al final suele ocurrir que muchos librepensadores que valen de verdad la pena, no son tan conocidos!
  • ay, qué penita de mundo.
  • editado abril 2013
    - " Vale. Cuéntame ya esa historia"
    - " De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca... Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años, de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho y se convierte en la primera y única mujer con la que Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
    "Todas las tardes Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces Dora lo acompaña. Un día se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella le contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. "Tu muñeca ha salido de viaje", le dice, "¿Y tú como lo sabes?", le pregunta la niña. "Porque me ha escrito una carta", responde Kafka. La niña parece recelosa. "¿Tienes ahí la carta?", pregunta ella. "No, lo siento", dice él, "Me la he dejado en casa, sin darme cuenta, pero mañana te la traigo". Es tan persuasivo que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?.
    "Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio, y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuándo compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
    "Al día siguiente Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña le está esperando, y como no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
    "Ahí es dónde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomase la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en un parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así?. Y cumple su promesa durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás, sacrificando su tiempo (un tiempo que mengua cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorvente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fué dirariamente al parque a leerle otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, ve a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida para siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio pues teme, que si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente decide casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa dónde ahora la muñeca vive al lado de su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
    Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuándo concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuándo una persona es lo bastante afortunada como para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia siga su curso, la realidad deja de existir.".

    (Brooklyn follies, Paul Auster).
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