Perlas

editado mayo 2013 en Plaza Mayor
La página se llama EDUCACION SIN ESCUELA y OTRAS REBELIONES

y yo, claro voy y leo y me encuentro perlitas así:


Comentarios

  • Las consecuencias de ser “papá - amigo”


    Algo pasó con nuestra generación, la de los cuarenta. Parece que
    no nos gustó cómo nos educaron o, lo que puede ser peor, no supimos
    agradecer todo lo bueno que ésta tuvo. ¿Por qué? Se preguntarán ustedes.
    Lo que pasa es que los adultos renegamos de la educación que nos dieron
    y decidimos cambiarla por completo.

    Es como si hubiéramos
    dicho algo así: 'lo pasé tan re mal con mis padres estrictos; me
    faltaron tantas cosas cuando niño; tuve un padre tan complicado y
    distante, que yo no quiero que mis hijos pasen por lo mismo. Por eso yo,
    como papá y mamá, les voy a dar todo lo que pueda, porque quiero que
    ellos sean felices'.

    Así nació una generación de padres
    distintos. Esto, además, apoyado por ciertas corrientes sicológicas que
    planteaban en forma errónea que los padres debían ser amigos de sus
    hijos. Esta frase tan internalizada en nuestra sociedad apunta y lo
    quiero dejar en claro desde ya, a que los padres deben ser cálidos e
    incluso ser 'buena onda' con los hijos; lo que pasa es que tiene que
    privilegiarse el rol educador. Yo soy mamá y mi función es educar a mis
    hijos, y eso muchas veces es una pega agotadora en la que tengo que
    poner límites, tomar decisiones por ellos que muchas veces no les
    gustan, decir que no muchas veces al día, y mantener una consistencia
    educativa que traspase mis palabras, que esté amparada en los hechos.


    Gran parte de los problemas que tienen nuestros hijos hoy, como la
    escasa motivación por los estudios, baja tolerancia a la frustración, la
    impaciencia y esta 'lata' generalizada, con una sensación de soledad
    inmensa, se debe a que a los padres se nos olvidó ser autoridad.
    Nosotros somos los que mandamos en la casa, nos guste o no; nosotros
    decidimos qué se come o no se come, por lo menos, la mayoría de las
    veces; nosotros decidimos si nuestros hijos van o no a ver a sus
    abuelos, porque si no, ellos no lo van a hacer por propia voluntad y,
    por lo tanto, van a crecer sin historia y sin valorar la experiencia.

    Pérdida de control


    Me toca ver cómo los papás han ido perdiendo el control sobre los
    hijos, y dicen cada vez más frecuentemente frases como: 'No sé qué hacer
    con mi hija', y cuando pregunto la edad, me entero de que tiene dos
    años y medio; yo no sé lo que pretenden hacer cuando la niña tenga 15
    años. También es frecuente escuchar a padres que les dicen a los
    profesores: Dígale usted que se corte el pelo, porque a mí no me va a
    hacer caso. O dicen: ¿Cómo lo obligo a hacer esto o aquello si no tiene
    ganas?

    La razón de todo este modo de funcionamiento se debe a
    un sinnúmero de factores, entre los más importantes están: la tendencia
    generalizada a evitar cualquier tipo de conflicto. Con tal de no verle
    la cara larga a nuestro hijo somos capaces de hacer lo que él quiere.
    Evitamos los conflictos todo el día, según nosotros porque tenemos
    muchos problemas por fuera de nuestras casas como para tener adentro de
    ellas y, por lo mismo, transamos en lo único en lo que no debiéramos
    hacerlo: La educación de nuestros hijos.

    Otro factor es el
    supuesto poco tiempo que pasamos con nuestros hijos. Digo supuesto
    porque, en realidad, si un papá tiene una hora para ver las noticias,
    tiene en realidad una hora para estar con sus hijos, lo que pasa es que
    prefirió ver las noticias.

    Miedo a ser mala honda

    El
    tema de ser padres-amigos de nuestros hijos tiene muchas aristas,
    algunas son sociológicas, como las que de alguna manera explicaba antes,
    pero también tiene que ver con lo sensibles que somos los adultos de
    hoy al rechazo de nuestros hijos. No queremos verles la cara larga, que
    nos digan que somos anticuados, distintos a los padres de sus
    compañeros, que somos 'mala onda'. En realidad, queremos ser papás buena
    onda, aparecer como evolucionados y esto nos hace ser tremendamente
    ambiguos en nuestra forma de educar; nos cuesta decir que no. Nos vamos
    en cuarenta explicaciones, somos los reyes de los 'depende', con lo que
    metemos a los niños en una red de inseguridades que les impide conocer
    qué es correcto y qué no y todo parece permitido.

    Las
    consecuencias de ser papás-amigos son muchas: los niños no tienen un
    referente distinto de sus amigos para educarse, desarrollan una pésima
    tolerancia a la frustración porque los padres no les dicen que no, y si
    lo hacen, cambian fácilmente con ciertas manipulaciones.

    Los
    hijos se transforman en manipuladores porque ya saben que pueden hacer
    lo que quieran, todo está en cómo lo pidan. Al final, los adolescentes
    se sienten solos y poco seguros porque en un principio es entretenido
    tener papás así, pero con el tiempo ellos empiezan a sentir que
    necesitan de alguien que los guíe porque si no, se mueren de angustia.


    Los niños, en su desarrollo sano, necesitan límites, disciplina y
    conductas fijadas por los padres, mezclado con el afecto: es la fórmula
    para una buena educación. Ternura y disciplina parece ser la clave. Más
    aún, es importante que se tenga claro que mientras más claro es un padre
    o una madre en su forma de educar, más expresiva y libre para


    En general, de acuerdo con mi experiencia, me topo frecuentemente con
    estos papás-amigos que no saben cómo salir del embrollo en que se
    metieron un poco producto de su visión cortoplacista de 'total ya van a
    crecer', 'son niños', ' le ponen mucho color', etc., y cuando quieren
    poner límites cuando son más grandes, es demasiado tarde.


    Existe otro porcentaje de papás que, aunque me duela decirlo, no está
    'ni ahí' con educar a sus hijos; esos que contratan radiotaxi los fines
    de semana por la 'lata' de tener que ir a buscarlos. Esos niños que
    están literalmente 'a la que te criaste', sin ninguna norma. Y estos
    padres tienen la “patudez” de decir que confían en sus hijos y por eso
    no les ponen límites. También existen, los que están tratando de ser
    amigos con sus hijos y les dicen a todo que bueno. ¿Cómo no les van a
    comprar celular si todos tienen? Capaz que el hijo se traume, sin
    entender que le están diciendo que vale desde que lo tiene y no antes.


    Papás que les dan permiso para todo, que fuman con los hijos, que toman
    con ellos para que 'aprendan', que les financian los piercing y la ropa
    más rara que les piden. Papás que les permiten a sus hijos, por miedo
    al rechazo, que reciban amigos en sus piezas, entendiendo que ellos
    necesitan 'privacidad' y no son capaces de decir que para eso está el
    living y no las camas.

    Estos papás-amigos no colocan límites,
    pero tampoco dan mucho cariño, no abrazan porque van a ser rechazados,
    no dicen 'te quiero' por temor a hacer el ridículo y, por lo tanto,
    tampoco son consistentes en la forma de educar.

    Por supuesto
    que existen los que lo están haciendo bien, que ponen límites, que retan
    cuando hay que retar, que cumplen los castigos y también lo bueno, que
    entregan afectos, que tocan, que besan, aunque los adolescentes los
    rechacen, ya que entienden que eso es una pose y que no quiere decir que
    no lo necesiten. Son papás que entran a las piezas de sus hijos aun
    cuando la puerta esté cerrada, que dicen 'te quiero', pero con la misma
    claridad son capaces de decir que no, aunque eso implique tener al
    'niño' o la 'niña' con cara larga varios días. Quizás es porque
    entienden que la educación es una siembra diaria, en la que la cosecha
    no se ve de inmediato, y que, por lo tanto, hay que preocuparse día a
    día.

    Apartes de un artículo de la autora y psicóloga chilena Pilar Sordo
  • para amigos así no necesitamos enemigos, la verdad

  • :-&

    De verdad, ¡qué asco de ignorancia! ¡y qué pena!
  • Interesante! :|
    Pues, aunque por supuesto no omparto el 90 % del articulo, y tampoco la vision general que tiene de las relaciones entre padtes e hijos, hay puntos que no carecen de razon (lastima que esten en medio de un discurso tan aborrecible).
    - La insatisfaccion de una generacion de padres que no han recibido en su infancia aquello que sus espectativas demandaban es un hecho.
    - El tema central del articulo, la puesta en cuestion de la relacion padres-hijos como de amigos me parece importante. Yo tambien la cuestiono.
    - Tambien comparto que la claridad es fundamental en esta relacion. Si los padres tienen las cosas claras, tanto las relaciones padres hijos, como la relacion de los hijos con el entorno, seran mas seguras y fluidas.
    Podria rascar alguna cosa mas, pero no tengo tiempo ahora.
    Guante pata el debate... si es que queda alguien con quien debatir! Que es verdad lo que dice Anna en otro hilo, parece que debatir asusta y escandaliza y provoca ausencias, enfados y huidas. Pero eso tambien pasa factura en nuestra faceta De padres/madres.
    Finalmente, decir que este articulo es una oportunidad mas para la reflexion y el posicionaniento, no en un lado u otro sino en el propio lugar de un@.
  • gracias Alberto,
    para mi este artículo lleno de falacias no valdría ni para subirlo aquí salvo porque atenta contra el niño y así lo coloco entre las perlas de este mes. ya volveré a discutirlo contigo o con quien sea ;)

    >:D<
  • ¿y por qué alguien debería ser enemigo de su hijo??

    amistad.

    (Del lat. *amicĭtas, -ātis, por amicitĭa, amistad).

    1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

    2. f. amancebamiento.

    3. f. Merced, favor.

    4. f. Afinidad, conexión entre cosas.

    5. f. ant. Pacto amistoso entre dos o más personas.

    6. f. ant. Deseo o gana de algo.

    7. f. pl. Personas con las que se tiene amistad.

  • editado junio 2013
    Anicka dice:
    ¿y por qué alguien debería ser enemigo de su hijo??

    Ahí le has dao, Anicka, ja, ja!
    No se si llega a tanto, pero en un momento de la lectura he tenido una imagen de un padre que me recordaba a un sargento de la mili; bonachon pero imponiedo disciplina.
  • editado junio 2013
    ¿Porque no cambiar lo que no nos gusto de la crianza de nuestro padres? Si fueron distantes y eso nos perjudica porque no cambiarlo, porque no hacerlo de otra forma. Si ser estricto no sirve para nada porque repetirlo con nuestros hijos. Y si ser felices es lo que todos deseamos como no buscar la forma de que nuestro hijos lo sean.
    Si ser amigo de nuestros hijos significa ser cálidos, ¿por qué no?
    Mi función es acompañar a mi hijo, mostrarle como es este mundo y no dejarle solo en el, que sienta que siempre podrá contar conmigo.
    No me hace falta ponerle limites, si le mostrare los que hay y le explicare porque están y le acompañare en su experiencia con ellos.

    Gran parte de los problemas que tienen nuestros hijos hoy, como la
    escasa motivación por los estudios, baja tolerancia a la frustración, la
    impaciencia y esta 'lata' generalizada, con una sensación de soledad
    inmensa, se debe a que a los padres se nos olvidó ser autoridad.
    Nosotros somos los que mandamos en la casa, nos guste o no; nosotros
    decidimos qué se come o no se come, por lo menos, la mayoría de las
    veces; nosotros decidimos si nuestros hijos van o no a ver a sus
    abuelos, porque si no, ellos no lo van a hacer por propia voluntad y,
    por lo tanto, van a crecer sin historia y sin valorar la experiencia
    .
    A los padres se nos olvido que significa ser niño, como te sientes cuando eres niño, que le pedirías a tus padres si supieras que te van a escuchar.
    Jejeje, el resto de este párrafo, sin comentarios, porque ya en otros hilos hemos hablado de ello.

    Me toca ver cómo los papás han ido perdiendo el control sobre los
    hijos, y dicen cada vez más frecuentemente frases como: 'No sé qué hacer
    con mi hija', y cuando pregunto la edad, me entero de que tiene dos
    años y medio; yo no sé lo que pretenden hacer cuando la niña tenga 15
    años. También es frecuente escuchar a padres que les dicen a los
    profesores: Dígale usted que se corte el pelo, porque a mí no me va a
    hacer caso. O dicen: ¿Cómo lo obligo a hacer esto o aquello si no tiene
    ganas?

    Hay padres que están perdidos, estoy deacuerdo, pero sus consejos no les hará más felices, y si hará mas infelices a sus hijos.

    La razón de todo este modo de funcionamiento se debe a
    un sinnúmero de factores, entre los más importantes están: la tendencia
    generalizada a evitar cualquier tipo de conflicto. Con tal de no verle
    la cara larga a nuestro hijo somos capaces de hacer lo que él quiere.
    Evitamos los conflictos todo el día, según nosotros porque tenemos
    muchos problemas por fuera de nuestras casas como para tener adentro de
    ellas y, por lo mismo, transamos en lo único en lo que no debiéramos
    hacerlo: La educación de nuestros hijos.
    Así de perdidas andan esas personas, así de desconectados con ellos mismos y con sus niños. Si hubieran sido complacidos, si complacieran, si tuvieran un objetivo, sus niños, posiblemente todo cambiaria en sus vidas.
    Creo que lo que ella describe es más complejo, que el problema no son los padres-amigos. Y sus soluciones no las comparto, limites, castigos, mostrar quien manda.
  • Lo he leído un poco por encima, pero a mi me parece una sarta de estupideces y tópicos, me suena a opiniones "enlatadas". 

    Qué terrible el párrafo que citas primero, Montse... :(  Tenemos unos vecinos que son terriblemente represores con sus hijos, gratuitamente (sobre todo él). Y hoy han llegado a casa y el hijo quería ir a saludar a Iara que estaba con su padre en el parque (a 20 m como mucho); el padre le ha dicho que ¡NO! ¿por qué? ¡PORQUÉ ES MUY TARDE! Él se iba acercando al parque, como de juego, despacito... y su padre se ha sulfurado y mientras le hacía volver repetía "¿Qué es eso de hacer lo que quieres? ¿qué es eso de hacer lo que quieres?" :O :(( Yo les sonrío con simpatía y los acogemos en casa siempre que quieren venir a jugar, pero reconozco (con vergüenza) que con ese padre gritón y faltón no me enfrento en ese tipo de momentos (para defender a mi hija no hace falta, porque con ella tienen toda la amabilidad que no tienen con sus propios hijos)... y me he quedado sin saber qué hacer. Ahora pienso que igual le podría haber pedido que esperara, que yo iba a llamar a Iara (:( espero reaccionar más rápido la próxima vez)

    Bueno, sobre el artículo diré que hay un tema que me ha tocado: el de que muchos padres son permisivos con sus hijos no por complacencia sino por miedo al conflicto, por no saber cómo responder en esos casos. Eso lo veo muy cierto en nuestras generaciones, por no saber manejar bien los sentimientos propios ni los ajenos, y por evitar un conflicto que nos desenmacara muchas veces (nos muestra facetas nuestras que no nos gustan, que no se corresponden con la imagen que deseamos proyectar), preferimos dejar pasar muchas situaciones. (Veo, por ejemplo, que a mi pareja le pasa no pocas veces).
  • Mirar que diferencia:

    "¿Y qué pasa con esa afirmación pedagógica de que los niños necesitan límites?

    Sí, eso es algo que oigo a menudo:

    "Hay que poner límites a los niños".

    Por supuesto que es importante poner límites a otras personas; pero eso no sólo es necesario con los niños. Si el comportamiento de otra persona limita mis necesidades y no consigo comunicarme con ella, entonces le digo lo que voy a hacer para cuidarme y respetar mis necesidades. Por ejemplo, si mi vecino hace algo que me molesta porque vulnera mis necesidades de tranquilidad y relax y, después de hablar con él, sigue actuando de la misma manera, le diría:

    "Si esto continúa así, haré lo siguiente para defender mi tranquilidad".

    A veces ponemos límites a la gente para protegernos o para satisfacer necesidades que en ese momento nos resultan más importantes. Pero todo eso no tiene que ver con la edad de la persona en cuestión.

     

  • Sara, ese tema que señalas de miedo al conflicto tambien me toca a mi, pero en propia carne. A ello me referia en mi primer post. Pero estando claro que esa inseguridad y temor al conflicto se ha forjado desde nuestra infancia y que nos toca resolverlo, especialmente al enfrentarnos con la paternidad/maternidad, para ofrecer a nuestros hijos el sosten que precisan, no es justificable actuar con autoridad y utilizar nuestro poder sobre ellos. Aunque hay analisis acertados e la ituacion, el articulo anda por las antipodas de mi forma de ver la paternidad/maternidad. Y en ese sentido, repito que me parece deplorable.
    Un apunte; los hombres que hemos tratado de huir del modelo tradicional de nuestros padres tenemos mas dificultades con esto de enfrentarse a los conflictos. A menudo nos quedamos en un limbo, perdidos entre nurstros deseos de cambiar y nuestros inutiles referentes. Y eso nos lleva a menudo a la paralisis.
  • Claro, Alberto, a mi también me pasa, pero llevo 5 años y medio aprendiendo a dialogar de verdad, a escuchar, a decir lo que siento y a cuidar cómo lo digo... así que ya no es un problema. Ahora, entiendo que para quien no lo haya hecho o no se atreva a verse a si mismo en esa desnudez, lo sea y oscilen entre el autoritarismo que sale automático y la pasotez.
  • buah, este texto es horrible, es un churro, lo intento analizar y me pone de mala leche. mejor me voy a dormir con mis amigos, oh, perdón por la palabrota.
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