Los extremos de la vida

editado agosto 2013 en Plaza Mayor
Bueno, pues me decido a comentar con vosotros un tema que me ronda desde hace algún tiempo: el de la vejez. Uno de los heavies, ¿eh?

Me toca muy de cerca: mi abuela tiene ahora 99 años y hasta hace muy poquito ha estado bastante bien, pero ahora va estando cada vez más fastidiada físicamente y, sobre todo, de ánimo. Ella ya tuvo una depresión de más joven, así que sabe lo que es y dice que ahora se siente triste, que lo ve todo negro, sin salida, y que le parece que tiene otra... Aunque ya he pensado varias veces en escribir este post, me decido ahora que me entero que acaba de romperse una pierna, así que las cosas se ponen más negras y más cuesta abajo.

A mi me da mucha pena y a la vez me revuelve: me parece tan injusto, porque no me extraña nada que esté deprimida: es cierto que tiene cuatro hijas que la van a ver y pasan tiempo con ella, tiene varios nietos que vamos menos (los chicos prácticamente nada, las chicas más aunque yo ahora viviendo en las afueras de Madrid y con Iara lo tengo un poco más difícil pero intentamos andar por allí una vez a la semana al menos) y una bisnieta, mi hija, con la que se adoran y que le aporta una enorme alegría cuando vamos a verla. Pero está muy sola. Y aburrida: ¿qué hace en nuestra cultura una persona que no ve lo suficiente para leer, o coser o hacer punto, oye mal por lo que no puede participar en conversaciones con más de una persona y se aburre con la tele y la radio? Y, sobre todo, teme a la muerte (pero ese quizá es otro tema).

Viéndola a ella pensaba en que los extremos de la vida no son tan diferentes, pero en nuestra cultura se los trata con la misma deshumanización. Siento que las necesidades de un anciano no son tan diferentes de las de un bebé: mirada, contacto físico, amor, (y cubrir las necesidades fisiológicas) y la vida, por ejemplo de mi abuela, está muy lejos de eso. Tan lejos que ni nos lo planteamos: le das un beso al llegar y al irte, pero ella está sola en un sillón, con poco contacto físico. Es curioso porque es un cuerpo de bebé (que no responde bien desde el punto de vista motor, que no controla del todo esfínteres, etc.) con una mente que también puede volver a tener algo de bebé pero no deja de ser de adulto. Y ese adulto se prohíbe a sí mismo sentirse bebé y que le traten como tal: que le bañen, que le acompañen al servicio, que le ayuden a comer o a vestirse. Qué le mimen.

En ese mundo distinto en que los bebés y los niños fueran respetados los ancianos y los enfermos también lo serían. Y el final de la vida sería dulce como el principio. Pero ahora es bastante amargo (o al menos en mi entorno así lo ha sido para todos los ancianos que recuerdo). Igual que, en gran medida, el resto de la vida, aunque en la edad adulta podamos disimular o paliarlo en mayor medida. 

Comentarios



  • Es verdad, Sara, el principio y el final de la vida son parecidos. Requieren una inversión de humanidad que a penas existe hoy en día y sobre todo que no se valora.... 
     

    Y quizás como decias en el otro hilo ¡ESTAMOS SOLOS! A muchos de nuestros mayores si les preguntaramos como se sienten, nos contestarían lo mismo "Me siento solo" Porque como es ley de vida, mis hijos cada uno tiene que hacer su vida.

    Antes se vivía mas en comunidad, había mas ayuda mutua y los niños estaban en casa de los abuelos y tanto unos como otros disfrutaban mas (no digo en todos los casos, pero si en muchos)


  • editado agosto 2013
    Coincido en la tristeza de leeros, porque son cuestiones vitales profundas que no tienen una solución inmediata, y menos cercana. Está claro que los dos extremos de la vida, nacimiento y vejez, no tienen ningún valor productivo, antes al contrario, para el sistema capitalista suponen un estorbo y solo sirven para justificar enormes cantidades de mercado (farmacológico, y demases).
    Guarderías y asilos, ya sabéis como va.
    Dentro de lo posible, ir andando hacia la utopía! y sobre todo salvaguardar esa relaciones de los niños, si son buenas, con la vejez, es todo un aprendizaje en sí mismo también.
    Mi abuela murió con 101 años, y para los niños es un recuerdo tan agradable el rato que compartió con ellos, como bien decís, sentadita, con su radio porque no veía, participando muy poco en las conversaciones, pero siempre dispuesta a un abrazo y a un gracias por venir (si tuvo la suerte de ser mimada hasta su último aliento, en primera instancia, por una hija, mi tía, y después por todos lo que nos chiflaba ir a verla).
    Ya sabéis que nuestra broma cuándo nos falla la memoria, o nos despistamos, es llamarnos "agüelaaaa", y creo que es un grito de guerra que hay que reivindicar!
  • editado agosto 2013
    ¿Y que es lo que hacemos cada uno de nosotros en nuestras relaciones con las personas mayores? ¿Porque se ha llegado a ese tipo de relacion? ¿Porque estan ellos asi? ¿Como han sido sus vidas y sus relaciones con los que le rodean?

    Hay una parte, en esta situacion, que una vez mas como decis tiene que ver con la sociedad que vivimos. Pero hay mas partes y estan relacionadas con las preguntas que me hago.

    Si tu padre, o tu madre, tu abuela... no respeta tu vida, tus elecciones, ¿Que tipo de relacion va a ver? ¿Y cuando necesite ayuda?

    Tengo una amiga que tenia una amiga ya mayor, ambas se respetaban, se apreciaban, se querian. Y mi amiga estuvo para su amiga cada vez que ella la necesito, sin ningun interes por medio, solo el del afecto mutuo.
  • Al hilo de lo que dice Marta (y también en la línea que tu propones, Montse), se me ocurre que en realidad, no es que a mi abuela no la "mimen": sus hijas se preocupan, están ahí, vamos, etc... pero desde mi punto de vista son mimos o formas de querer que no llegan a lo esencial, no rompen la soledad, no acompañan en lo más vital, igual que un bebé en un carrito con un móvil está sólo. Racionalmente el anciano sabe que le quieren y que se ocupan de él, pero el contacto físico es tan poco... Así que me temo que, una vez más, volvemos a la coraza. :(

    Por cierto, Marta, qué guay lo que cuentas de tu abuela.
    Y la reivindicación del "agüelaaaaaaaaaaaaaaaa", me parto. Es cierto, pero :-))
  • Yo me pregunto, si lo que ocurre entre esos dos extremos de la vida no tendrá también mucho que ver, porque para que haya un continuum entre un extremo y otro, algo en medio se tiene que mantener. Y todo el rato, al leeros, me ha venido a la cabeza la imagen de hamam y las mujeres ayudándose unas a otras a bañarse. Una conocida mía también estuvo en uno y a ella le llamó mucho la atención como cuidaban y bañaban a las viejas, lo bien atendidas que estaban. Y creo que parte de la gracia en que quizás no deberíamos cuidar solo a quien lo necesita claramente, sino que deberíamos cuidarnos siempre unos a otros y conectar con el placer que eso produce, que el cuidado no responda a una necesidad sino a un deseo. Y me gustaría aplicármelo y empezar a dar más cuidados a mis hijos mayores, por ejemplo.
  • No estoy de acuerdo, a los niños se les trata bastante peor que a los ancianos. A los ancianos no se les castiga o pega, a los niños sí. Por otra parte hay padres que no han tratado bien a sus hijos, así que tampoco creo que merezcan compañía.

    Mis padres no son ancianos, pero sí tienen más de 60 y yo tengo claro que no se merecen mi compañía.

  • editado octubre 2013
    El estado de desnaturalizacion en el que vivimos nos ha llevado a siituaciones como esa, Gaara. Por contra, mi cuerpo me pide cuidar y ser cuidado, como dice Anicka.
    Yo no negaria ayudar a mi padre, pero no quiero estar con el, ni cuidar de el y tampoco convivir con el. Y no es venganza sino desamor. Y es triste sentir asi hacia quien pudo ser alguien que me amase y a quien amar. Ambos perdimos esa oportunidad.
  • editado octubre 2013
    Yo creo que algunos padres que si cuidaron de sus bebés o niños muy pequeños si dejaron de hacerlo a cierta edad y entonces tiene que ser raro para ese hijo cuidar de sus padres, por supuesto aún más si ha habido cualquier clase de maltrato. Esos cuerpos perdieron su conexión hace años y es normal que ya no apetezca hacer nada de eso. Se podrá hacer por compasión, tal vez, pero no sería lo mismo si nunca se hubiera perdido ese contacto y cuidados mutuos. Por eso creo que no se puede esperar que queramos ese contacto con los viejos en una sociedad donde apenas nos tocamos los unos a los otros y menos si el amor ya se esfumó hace años o que como dice Gaara, ni siquiera el hijo sienta que lo merezcan.

    Cuando me baño con Ilena, nos enjabonamos y no nos echamos agua la una a la otra. Si nunca dejáramos de hacerlo, llegaría mi vejez y simplemente seguríamos igual, pero claro, llegará un día en que supongo que ya no nos bañaremos juntas. Ni siquiera viviremos juntas porque esta sociedad es así y tampoco tenemos esa clase de lugares comunes.
  • Ahora no estoy para intervenir en este hilo. Solo a raiz de la ultima frase de Anicka un inciso. Es curioso escuchar a mi hijo repetidamente desde hace mucho, con mucha conviccion, hacer planes de vida de como será cuando sea mayor. Que coche querrá, que profesion tendrá, no tiene claro si quiere hijos (le parece incompatible con su profesion de musico), como quiere que sea su casa... todas esas ideas son bastante realistas y no las ha cambiado apenas desde los tres años. Y siempre que habla de eso, nos incluye en sus planes. Tiene claro que ganará dinero con el que nos "mantendrá" y que viviremos en la misma casa aunque sea en espacios separados.
  • Leyéndote Ana, se me pone una sonrisa de oreja a oreja, recordando que seguramente en algún lugar es así, pura complacencia corporal desde siempre marcando la diferencia, y la sonrisa se me quita pensando en nuestras realidades tan alejadas...fff.  :-??
  • Mi hijo siempre me dice que es una tontería eso de pensar en que el tiene que independizarse y tener su vida, que el quiere vivir siempre conmigo y eso no quiere decir que no pueda hacer su vida.

    Es que es muy normal, Anicka, que dejemos de hacer cosas con y para nuestros hijos porque la sociedad que tenemos fomenta la independencia desde que los niños son muy pequeños y eso no es ni mas ni menos que alejarnos de la esencia del ser como ser humano.

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