¿a qué tenemos miedo? (artículo)

editado abril 2011 en Café Homeschooler
¿A QUÉ TENEMOS MIEDO?
ISABEL GUTIÉRREZ DEL CAMPO (CANTABRIA)

Nuestros tres hijos nunca han ido a la escuela; el mayor tiene ya dieciséis años. Este hecho, junto al de formar parte de los inicios del colectivo “Crecer sin Escuela” y su dimensión pública, hace que a menudo se pongan en contacto con nosotros familias que comienzan a plantearse la objeción escolar. Más de una vez me han manifestado el temor que sentían al pensar en elegir un camino tan inusual, tan minoritario, sin respaldo oficial. Esto incluso gente que a nivel teórico lo tiene bastante claro. A veces nos expresan su “envidia” hacia nosotros por no tener dudas y creen que sin su inseguridad resulta fácil llevarlo a cabo. Tengo que confesar que esto no siempre es así. Estamos hechos del mismo material que todos, y yo particularmente siempre he tenido momentos en los que el miedo me acecha y en los que me he planteado si podíamos continuar o no, pero no tanto por los niños como por mi incapacidad. Nunca he tratado de ocultarlo, en primer lugar porque creo que hablando de los miedos propios, compartiéndolos con los demás, se arroja una luz sobre ellos que los hace menos terribles y, en segundo lugar, porque pienso que en lo básico todos somos muy parecidos y no hay que dárselas de héroes: vamos a encontrar más comprensión si no ocultamos nuestras miserias. Aunque a muchos pueda parecer lo contrario, yo no soy muy combativa, me cuesta mucho esfuerzo llevar la contra, por lo que suelo tender a buscar la manera menos dificultosa de hacer algo que no está aceptado a mi alrededor pero sin que traicione tampoco mi sentir sobre el tema.

¿Qué nos asusta como padres? ¿A qué tenemos miedo al plantearnos esta opción? Me parece que el principal miedo a no escolarizar se debe a que es un camino sin hacer, no hay modelo a seguir de momento y la famosa frase de Antonio Machado de “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, nos parece muy bonita pero nos pilla muy lejana. Alguno, alguna, puede decir que contamos con los modelos de otros países pero a la hora de la práctica parece ser que eso no es mucho, sobre todo por las diferencias legales y/o de apoyo oficial. Ser pionero no es fácil; queda muy bonito cuando en alguna película nos presentan la incomprensión que sufre algún trasgresor de normas histórico en la que ya sabemos de antemano la importancia de su obra. El Sistema se vale de estas maniobras tanto para hacer público un reconocimiento a posteriori de estas injusticias como para exaltar la figura individual, personal, de algunos versus la figura social o grupal.

¿Y por qué es tan importante para casi todos esa falta de modelo a seguir? Estamos acostumbrados a buscar continuamente la “seguridad”: un trabajo “fijo”, un sueldo seguro, seguro médico, de accidentes, de robo, cualquier cosa que asegure los imprevistos . Preferimos delegar en otros nuestras circunstancias cotidianas y en caso de que algo no salga como se espere siempre se puede reclamar o demandar al responsable. A ver, esto puede tener ventajas pero también inconvenientes; parece que olvidamos que la vida es riesgo en sí misma y que esa sensación de seguridad es pura apariencia; terminamos delegando tanto que nuestra dependencia se hace absoluta. Por ejemplo, exigimos que la Medicina nos cure en lugar de establecer unos hábitos de vida sanos que disminuyan nuestras enfermedades, o exigimos que los Educadores se hagan cargo de la preparación de nuestros hijos para su incorporación a la sociedad (principalmente el objetivo es el mundo laboral). Pero la propia Medicina conlleva riesgos y aplicada de forma general produce daños, las enfermedades yatrogénicas, que se podrían evitar si asumiéramos nuestra salud con hábitos higiénicos. Los profesionales saben que el paciente suele preferir atiborrarse a píldoras antes que caminar una hora diaria o hacer una dieta específica, o eliminar la ingestión de tóxicos. Del mismo modo la Educación formal también dista mucho de ser perfecta y se enfrenta a la falta de interés de los alumnos (a nadie se le puede obligar a aprender), a comportamientos problemáticos y/o agresivos, además de no poder asegurar un puesto de trabajo para el que se ha preparado cada estudiante (ni siquiera para todos aquellos buenos estudiantes que terminan con uno o varios títulos bajo el brazo). Los padres ven sufrir a sus hijos o contemplan cómo van disminuyendo su curiosidad y ganas de aprender, o descubren en muchos casos que se han convertido en mutuos desconocidos. Pero preferimos seguir delegando en otros antes que asumir la crianza total. El miedo a que los hijos tengan dificultades a la hora de encontrar un trabajo suficientemente remunerado (del que puedan “vivir”) no es exclusivo de los padres que no escolarizamos, sólo el enfoque puede ser distinto.


Comentarios


  • Otra cosa que nos asusta son los juicios externos, que critiquen nuestro hacer (más aún si se sale de la norma). Y como los hijos son el “producto” a través del que se nos juzga, nos da miedo que no den la talla, que no sepan lo que se supone tienen que saber (y aunque en el fondo pensemos que no tienen por qué “saber” determinadas cosas en un momento determinado). Tenemos miedo a fracasar porque casi todos tenemos grabado en algún recóndito lugar de nuestra mente los parámetros (totalmente arbitrarios, por otro lado) de “Éxito o Fracaso” que normalmente vienen asignados desde el juicio externo. Así queda al descubierto nuestra propia falta de confianza: en nosotros mismos, en nuestros hijos, en hacer algo diferente, en incidir y poder cambiar de algún modo la sociedad en la que vivimos… Nuestro sistema social se alimenta de ese miedo, de esa desconfianza primera en nosotros mismos que se consigue dividiéndonos, creando individuitos más fáciles de asustar, y luego alimentando ese miedo a través de todos los medios posibles. Baste echar un vistazo a los medios de información, llamados por algunos muy acertadamente medios-de-formación-de-masas: prensa, radio, cine, televisión… en los que el contenido nos hace sentir temor: al paro, a la pobreza, a la guerra, a los atentados, al crack económico, al robo, a los accidentes, a la soledad, a no Saber= no valer… y podríamos continuar una larga lista. Como en la conocida novela de Umberto Ecco “El Nombre de la Rosa”, el miedo es la estrategia con la que se nos somete.

    ¿Y los niños? ¿A qué tiene miedo un niño o una niña? Normalmente, cuando un niño nace, si no está desatendido y si goza del amor de los que están alrededor, podemos apreciar su fuerza y confianza propia: no teme equivocarse, no teme no gustar o no ser aceptado, confía en su propia capacidad – por decirlo de algún modo- para aprender lo necesario y relacionarse con los demás. Si por cualquier razón sus necesidades (físicas o emocionales) no son atendidas puede empezar a aparecer esa falta de confianza y el miedo al abandono. Esto es fácil de observar, por ejemplo, cuando empiezan a ir a la guardería (si ya saben hablar) o a la escuela; es frecuente que al principio lloren pero que los padres no se echen atrás –porque ya se les ha imbuído del Principio “hipotecar el presente para un futuro mejor”, ¡siempre el futuro!- y porque ya se sabe que los niños lloran al principio pero que “enseguida se les pasa”. Es más, muchas veces se piensa que el niño hace teatro para manipular descaradamente a los padres que, luego, al recogerle, se enteran de que ha estado jugando “tan contento” hasta que llegan ellos de nuevo y vuelve a aparecer el “manipulador” en su papel de mimoso, pedigüeño, etc Precisamente ese comportamiento es el que refleja que se produce miedo a volver a ser abandonado aunque mientras dura el “abandono” el niño lo sobrelleva de la mejor manera con que consigue soportarlo (en este caso, jugando).

    En niños de más edad el miedo se va haciendo más extenso. Hay investigaciones que apuntan a que se da un temor al maestro aún en las escuelas más progresistas: temor a que les regañe o a que vaya con chismes a los padres, temor a que no les comprenda. También se da el temor a los compañeros: a ser objeto de burlas, o de desprecio, o de malos tratos incluso; de ahí también el miedo a ser “diferente” e intentar cuadrar en la manada. Otro temor que aparece en la escuela es el de “ no Saber”, que concretamente significa no saber la respuesta adecuada, la que espera el maestro, la única. Porque nos hacen creer que sólo hay una respuesta válida para cada pregunta y que los que no saben contestar son tontos (subrayado en los concursos televisivos, por ejemplo) y a nadie le gusta ser tomado por tonto y menos a un niño, para el que esa palabra suele considerarse un gran insulto. Por lo tanto es mejor aprenderse las respuestas aunque no se comprendan, repetirlas como loros, que es lo que ocurre en un porcentaje elevadísimo de escolares, con lo que el aprendizaje que se produce es más aparente de lo que se suele estimar. Y los niños no comprenden las respuestas sencillamente porque están apartadas de las vivencias de su entorno, no han podido descubrirlas por sí mismos, es algo ajeno a ellos y su razonamiento.

    Todos estos temores van produciendo tensión en los chavales y al no ser comprendidos por los adultos, en muchos casos se llegan a somatizar produciendo desórdenes físicos: muchos dolores de cabeza o de tripa no son falsos, son la expresión de su angustia. Pero a los padres se nos advierte contra ellos, se nos repite cómo nuestros hijos intentan manipularnos y la desconfianza hacia ellos hace que crezca la que sienten hacia sí mismos, la tan cacareada ahora “falta de autoestima” y que cierra el círculo juicio externo-falta de confianza-temor-sometimiento.

    ¿A dónde quiero llegar? Sólo a que miremos a la cara qué es lo que nos asusta y por qué. Qué es lo que nos impide tomar la decisión que sentimos internamente. O qué es lo que hace que si ya nos hemos atrevido a no escolarizar, a menudo repitamos el error de hacer de nuestra casa una escuela, siempre pendientes de las valoraciones standard. Qué es lo que nos hace que empleemos más energía en combatir o convencer a las críticas (aceptando sus propias mediciones) que entregarnos a nuestros hijos y disfrutar con ellos del día a día. Por qué les atosigamos a múltiples actividades dirigidas y andamos a la búsqueda y captura de estupendos métodos pedagógicos en lugar de dejarles jugar simplemente. Por qué ponemos una edad límite – la que cada uno ponga - para juzgar secundario el juego, el disfrute. La escuela no está sólo dentro del recinto escolar, también está a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Por eso es tan difícil evitarla y seguimos transmitiendo el testigo de nuestro propio miedo; no el miedo a lo desconocido, como se suele decir, sino más bien a la interminable lista de desgracias conocidas con las que se nos amenaza. En cambio, si nuestras expectativas respecto a los hijos no se cumplen después de haber seguido todo el proceso escolar, parece que no se ha podido hacer otra cosa y que el fracaso es culpa del propio estudiante o del azar de la vida, y solo nos queda lamentarnos con el resto de “fracasados”.

    De vez en cuando sigo teniendo miedo pero cuando pienso en todo esto, encuentro fuerzas para seguir intentándolo y seguir andando... “haciendo camino al andar”.
  • Montse, gracias por el artículo. =D> Está muy bien. Creo que despeja muchas dudas en cuanto al miedo a elegir esta forma de educación.
    ¿lo podemos poner en abierto? es solo cambiar de catagoría.
  • Claro que si.
  • me gusta mucho este párrafo:

    (...) Por eso es tan difícil evitarla y seguimos transmitiendo el testigo de nuestro propio miedo; no el miedo a lo desconocido, como se suele decir, sino más bien a la interminable lista de desgracias conocidas con las que se nos amenaza. En cambio, si nuestras expectativas respecto a los hijos no se cumplen después de haber seguido todo el proceso escolar, parece que no se ha podido hacer otra cosa y que el fracaso es culpa del propio estudiante o del azar de la vida, y solo nos queda lamentarnos con el resto de “fracasados”.

    De vez en cuando sigo teniendo miedo pero cuando pienso en todo esto, encuentro fuerzas para seguir intentándolo y seguir andando... “haciendo camino al andar”.
  • Yo tengo claro que educar a mi hija en casa (radical unschooling especificamente) es lo mejor. Eso no quita que algunas veces pueda pensar si tal vez me pueda equivocar (soy humana), pero me tranquiliza que conozco a mi hija y la veo feliz, veo que aprende y veo que no tiene mas problemas que cualquier otro niño (tal vez menos). Pero estoy con yola0, el miedo es a denuncias de fuera (familiares, amigos, vecinos, extraños), de gente que no sabe que ellos por SU miedo son los que nos crean los problemas.

    Como yo siempre he sido rarita ya se lo que es que te miren raro y te "vigilen" por tu propio bien (que si cuantas veces vas al baño (totalmente real y con 6 o 7 años, aun no entiendo el interes pues eran adultos) que por que no haces esto, saben tus padres que lees en el recreo, por que lees un libro, por que no juegas al futbol, nos hemos dado cuenta de que tu no haces...) Y claro no creo que por que yo sea adulta y haya madurado ellos lo hayan hecho tambien. Ni han aprendo a no meterse donde nadie les llama, se siguen sintiento en posicion de la verdad absoluta, del conocimiento de como se DEBEN hacer las cosas Y siempre han creado molestias...

    YO no quiero que me toquen las narices, ni compliquen la vida con su basura. No deberia tener que aguantar que se me trate como una criminal por hacer lo que creo mejor para mi hija. Y sobre todo mi hija no tiene por que sufrir por la basura mental de otros. Desgraciadamente creo que solo es cuestion de tiempo (infantil no es obligatoria despues de todo y eso los mantiene a raya, por ahora). Por eso me preocupa la ley esta en Galicia.
  • yola0, bienvenida.

    El miedo es libre, pero no podemos permitir que nos paralice. Si te fijas en la cantidad de gente que educa en casa en este país te darás cuenta que solo le toca tener algún problema a unos pocos. No quiero decir con eso que sea menos grave por eso, debemos protestar cada vez que una familia es importunada por eso, ¿pero de allí a sufrir angustias y miedos por elegir una opción que NO ES ILEGAL?
    Cuanto mas sepamos de este movimiento, cuanto más informados, cuanto más conozcamos sus razones y sus argumentos mas tranquilos nos sentiremos delante del tribunal que sea. Nadie quiere tener problemas pero a veces no hay otra que enfrentarlos. Los niños también necesitan a unos padres confiados en lo que hacen y necesitan sentirse protegidos por los padres. El miedo no es buen consejero.
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