El deseo materno existe y hay que decirlo (por Casilda Rodrigañez)

editado octubre 2014 en Biblioteca

aprovecho que copié este texto para el grupo de FB y nos lo pongo por aquí, no me acuerdo si está y donde está, pero siempre viene bien tenerlo a mano. :)
EL DESEO MATERNO EXISTE Y HAY QUE DECIRLO
Casilda Rodrigáñez

A propósito de la idea de ‘criar con el corazón’, pensé que no, que ya
no vale el argumento de que hay que decir las cosas poco a poco.




El deseo materno es una pulsión sexual, y existe, a pesar de todo, en
nuestros acorazados y desconectados cuerpos, aunque apenas lata, aunque
apenas derrita y perfore nuestras corazas, y casi ni le llegue al
neocortex. Reprimido, inhibido y calumniado, a pesar de todo, es la esperanza de la humanidad.

Como decía Michel Odent en una reciente entrevista, la cuestión no es qué le pase a tal o cual criatura concreta; la cuestión es si la humanidad puede sobrevivir si se hacen innecesarias las hormonas del amor… qué grado de robotización de los cuerpos puede soportar nuestra especie, y qué grado de robotización alcanzaremos si se castra su impulso básico.

El deseo materno es la
pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la
maternidad que no se sabe o que no se dice. Después de tres
generaciones de partos hospitalarios y de lactancia artificial, las
consecuencias son tan desastrosas en términos de enfermedades mentales y
psicológicas (depresiones, suicidios), y en términos de violencia
infantil y social, y son tan evidentes, que la gente empieza a hacerse
preguntas, a buscar explicaciones y a relacionar las cosas. ¡Y vaya Ud. a
saber si no se topan con la verdad! Sobre todo porque hay muchas cosas
que están ‘cantando’, como la neurología y las prácticas clínicas
neonatales, y que están confirmando lo que ya sabíamos desde otros
campos de las ciencias (historia, arqueología, antropología, sociología,
sexología, etc.)

La pulsión del deseo en general, es una experiencia que todavía muchos
seres humanos hemos conocido, y sabemos que existe. Y también el deseo
materno es una experiencia que hemos vivido muchas, quizá, espero,
suficientes mujeres.

Esta experiencia proporciona el conocimiento de que las técnicas amatorias son aspectos secundarios, y que lo esencial de la sexualidad y de la capacidad orgástica humana, es el deseo.
Refiriéndome a la sexualidad coital, que es la más conocida, creo que
todo el mundo sabe que se pueden practicar las 400 posturas del
kamasutra, y ni rozar siquiera la experiencia de una relación espontánea
guiada por el deseo. Las posturas por sí mismas no nos derriten por
dentro ni producen flujos. Sólo lo hacen en la medida en que ayudan a la
inducción o producción del deseo. El deseo por sí mismo, antes de guiarnos hacia cualquier postura, sólo con producirse, nos derrite y nos licua.

El sentido del olfato, tan importante en la inducción del deseo (recordemos la famosa anécdota de Napoleón y Josefina), guía los movimientos de las criaturas recién nacidas para llevarlas al pezón de la madre.
Basta con abstenerse de cometer la normalizada violación de sus cuerpos
que se practica en los hospitales, y respetar sus impulsos. Dice
Bergman que explicar y hacer que la madre o una enfermera coloque a la
criatura en la postura adecuada para empezar a mamar, es peor (Restoring the original paradigm)

La tecnosexología
que en su día ya denunció Merelo-Barberá, ahora se aplica a la
maternidad, sin necesidad siquiera de hablar de sexualidad maternal. Así
se recomiendan las posturas para dar de mamar, el contacto piel con
piel, la no separación… aspectos físicos que se pautan, seguramente
necesarios en nuestro mundo de maternidad medicalizada, pero que cuando se proponen sin decir lo esencial, el deseo, siguen dejando el campo abonado para la robotización de la maternidad.




Inhibida la pulsión del deseo, entonces ya sólo queda ‘educar’ y
conducir convenientemente las conductas, las posturas, los sentimientos y
las emociones. En mi último libro he tratado de explicar el
conductismo emocional que se practica hoy, como alternativa al
desasosiego que producen las emociones desarraigadas de las pulsiones, y
para encauzarlas en nuestros hábitos culturales y sociales.







En los tratados de neurología (Kahle, Universidad de Frankfurt) se explica que las emociones y los sentimientos se producen para acompañar e implementar el desarrollo de las pulsiones.
Las pulsiones de las situaciones de alerta y de defensa, como la ira,
la cólera, el enfado, etc., de hecho las conocemos y nombramos
precisamente por los sentimientos que las acompañan, aunque también
conocemos otros aspectos de su fisiología, como el aumento del ritmo y
la presión sanguínea, la sudoración, la tensión muscular –carne de
gallina, pelos de punta, nudo en el estómago-, descargas de adrenalina y
cortisol, etc. Las pulsiones sexuales del estado normal de relajación,
también cursan con sus sentimientos y emociones amorosas. Todos los
sentimientos y emociones forman parte de las pulsiones que animan el
cuerpo, y que le mantienen vivo. Pero nuestra sociedad de relaciones de dominación no trata de mantener los cuerpos en su plena vitalidad, sino todo lo contrario.







Comentarios


  • Educar las emociones, si no
    fuera porque en realidad es una estrategia política perversa, sería
    algo tan ridículo como educar los glóbulos rojos o cualquier célula de
    nuestro cuerpo. No hay que educar ninguna emoción: ellas
    saben más que todos l@s psicólog@s del mundo junt@s, y además están a
    nuestro favor, a favor de nuestra autorregulación y de nuestro bienestar. La
    educación emocional encubre una estrategia de regulación y
    ‘normalización’ de las conductas, y se construye, obviamente, sobre una
    gran mentira sobre el cuerpo humano; es la psicología de los
    cuerpos que inhiben automáticamente sus pulsiones, la psicología del
    despiece y de la descomposición corporal al servicio de la política de
    la dominación invisible y de la sumisión inconsciente.

    Hoy por hoy, la pulsión sexual ha desaparecido de nuestro mundo
    conceptual. De ser el pecado de la carne ha pasado a la nada. ¡Cómo
    vamos a entender a las pobrecitas emociones que han quedado huérfanas y
    desamparadas del propio cuerpo que las ha producido! ¡Cómo no sentir
    ansiedad ante semejante descalabro! Los
    sentimientos y las emociones que vagan erráticas en nuestros cuerpos,
    nos desasosiegan porque no podemos entenderlas, no podemos entender lo
    que nos pasa, y no podemos poner remedio a lo que nos causa malestar
    puesto que no podemos identificarlo. Entonces vienen y nos dicen que somos analfabetos emocionales y que tenemos que educarnos emocionalmente, y nos lo creemos.
    Esta nueva psicología del conductismo emocional incluso a veces se
    presenta bajo el epígrafe de ‘bioenergética’, un concepto que inventó
    Reich para referirse a la energía sexual como energía de la vida (La producción sexual es la producción vital per se. Reich, La función del orgasmo), y que ahora
    se desvirtúa para convertirse en lo contrario, en la negación teórica
    de la producción sexual: la psicología de los cuerpos sin líbido.

    Las emociones son
    sabias, tan sabias como las pulsiones que mantienen nuestro metabolismo
    basal mientras dormimos. Los cuerpos humanos no son analfabetos; son
    sabios. Cuando estamos conectad@s con nuestras pulsiones, también
    nuestras emociones y sentimientos son transparentes, y percibimos su
    origen y su sabia función a favor de nuestro bienestar y de nuestra
    autorregulación. Y cuando las emociones
    y los sentimientos son transparentes, no se nos puede engañar ni
    someternos inconscientemente. Y es que, cuando desinhibimos el deseo,
    recuperamos la armonía original entre las pulsiones y las emociones, un
    importante aspecto de la unión sinérgica de todos los sistemas nuestro
    cuerpo, y entonces este recupera todo su esplendor, su transparencia
    interna, su capacidad y su fuerza. He encontrado referencias
    antropológicas de al menos tres pueblos cuyas mujeres podían decidir
    cuando se quedaban embarazadas, sin fármacos ni condones.

    La represión puntual de las pulsiones no es suficiente para hacernos
    perder la sabiduría corporal. Si el neocortex trabaja en armonía y a
    favor del cerebro límbico, tras los percances ocasionales la
    autorregulación se recupera. Por eso hace falta engañar al neocortex
    para que actúe de inhibidor del cerebro límbico; y por eso no tenemos
    que saber que el deseo existe, que la
    pulsión sexual es lo que pone en marcha el desarrollo de nuestra
    capacidad orgástica y que forma parte de nuestra regulación fisiológica; y muy especialmente, que guía y regula la maternidad.
    En la era de la dominación invisible, ya no se puede prohibir
    directamente el ‘pecado de la carne’ que explícitamente reconoce la
    pulsión corporal.

  • editado octubre 2014
    Pero en el fondo todo esto es poco novedoso. Lo nuevo es su apariencia
    ‘científica’ y su grado de sofisticación para adaptarse a una sociedad
    que, como predijeron los autores de la novela de ciencia-ficción, requiere que la gente no se de cuenta de que está siendo controlada y utilizada. Cuando yo era joven, esto que ahora llaman ‘educación emocional’, se llamaba sublimación del deseo y de la líbido.
    El amor, aunque dijeran que salía del alma y no del cuerpo, también lo
    situaban en el corazón. El corazón late para bombear la sangre y no es
    un órgano erógeno; y por eso quizá es un buen sitio para recolocar
    imaginariamente los sentimientos amorosos una vez desconectados de las
    pulsiones. “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío” era nuestro mantra
    que recitábamos mientras que sublimábamos nuestras pulsiones
    adolescentes; o también “Sagrado Corazón de María, sed mi salvación.”.

    Lo de pintar el amor con sus rayos, lo copiaron de las sociedades
    prepatriarcales, que pintaban úteros y pechos, sus latidos y los
    movimientos expansivos de las ondas de placer. Una imagen vale más que
    mil palabras, dice el refranero, y con un poco de incienso y de canto
    gregoriano, puedes llegar a la sublimación mística más exquisita. Y, por
    si acaso, el corazón rodeado de una corona de espinas, uniendo el amor
    sublimado y el sufrimiento.

    el amor verdadero no
    tiene el epicentro en el corazón, sino más abajo, en el vientre, donde
    nace el deseo, la pulsión sexual. Y no se expande en línea vertical
    ascendente, sino por todo el cuerpo, como los tentáculos de los pulpos
    que rodean y abrazan las panzas de los cántaros prepatriarcales.

    El deseo materno es la
    pulsión sexual que guía y regula la maternidad. Esta es la verdad de la
    maternidad que no se sabe o que no se dice. La responsabilidad de
    quienes lo saben y no lo dicen es grande porque -también lo saben- el
    matricidio es de facto un genocidio. Y no es ninguna metáfora. Es
    tan grande la responsabilidad como la de los que sabían que los campos
    de concentración nazis eran campos de exterminio, y no lo dijeron.

    Hace poco leí en Internet
    que se estaba experimentando con cobayas la aplicación de hormonas
    artificiales y otras sustancias, para inhibir total o parcialmente la
    impronta. Antes de formularme la pregunta de si sería sólo para
    aplicaciones en la ganadería, todas las células de mi cuerpo se me
    encogieron del susto; como con la escisión de los núcleos atómicos o la
    ingeniería genética: ¿quién, con qué criterios, y hasta qué punto puede
    controlar la aplicación de estas tecnologías? Todo eso es lo que en un instante ‘pensaron’ las células de mi cuerpo, y también por supuesto, mis neuronas. Desde luego ya
    no estamos en los tiempos en que se echaba bromuro en la comida de los
    presos o de los conventos para inhibir el apetito sexual, ahora las
    cosas están más perfeccionadas. Y si, independientemente de la intencionalidad, llevamos
    ya años aplicando hormonas artificiales en otras etapas de la vida
    sexual de la mujer, como en la contracepción, en el parto o en la
    menopausia, con dosis tan calibradas y formas tan variadas como los
    óvulos vaginales o los parches, también se podrían llegar a aplicar para
    contener el deseo materno en la lactancia, como complemento de la
    tecnosexología y del conductismo emocional.

    Las hormonas
    artificiales no pueden sustituir a las hormonas naturales. Las hormonas
    naturales no son solo un compuesto químico: se producen con las
    pulsiones, en un momento y en unas circunstancias determinadas, con un
    ritmo y una cadencia específica, en interacción y al unísono con otros
    múltiples y complejos procesos que abarcan a todo el cuerpo. La
    pulsatilidad de una hormona es un concepto que ya aparece en los
    estudios clínicos, y los hay por ejemplo, que muestran que la eficacia
    del reflejo de eyección de la leche depende de la pulsatilidad de la
    oxitocina. Y sabemos también la diferente acción de la oxitocina
    sintética -vaginal o intravenosa-, y de la oxitocina segregada de forma
    natural en el parto.


    El control de la sexualidad humana ha
    estado siempre en relación directa con la necesidad de una determinada
    robotización y manipulación de los cuerpos. La sexualidad femenina es una amenaza latente;
    es un conocimiento antiguo, por más que hoy esté velado, que la
    capacidad orgástica de las mujeres es incompatible con la exclusividad
    monógama, y que parir y lactar con y por placer forma parte de las
    cualidades filogenéticas de nuestros cuerpos. En cualquier caso, es importantísimo y extremadamente urgente acabar con la mentira corporal que afecta a la maternidad, saber y decir que el deseo materno existe y para qué existe.
  • editado octubre 2014
    Ahí está todo dicho EL DESEO MATERNO, ni metodos, ni recetas, ni consejos, sólo dejarte llevar por el deseo materno, por esa pulsión.  Cuando seguimos un método (aunque sea el método más maravilloso del mundo "colecho, teta a demanda, brazos etc) si es un método deja de ser un deseo. Y lo bonito es poder sentir ese deseo, porque cuando hay deseo no hace falta mirar ese recetario de métodos maravillosos,  que aunque son buenos para el niño no salen de esa pulsión sexual.

  • Yo aun mantengo un rayo de esperanza... ayer me he pasado toda la mañana con una mujer leona que parió sin asistencia sanitaria a su tercera hija, y se pasó los primeros quince días con ella en la cama, las dos en pelotas... esos bebés, blanditos, relajados, sonrientes, tienen que ser el futuro! y me llegan relatos de experiencias parecidas, y quiero pensar que poco a poco tenemos que hacer "click" en nuestro maltrecho cuerpo!
    gracias Anna!


  • El deseo materno existe pero me pregunto si con el paso del tiempo llegaremos a seguir sintiendo esa pulsión sexual, ese deseo materno tan intenso que existe cuando sostenemos por primera vez a nuestra criatura y no queremos alejarnos de él/ella. 

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