Félix Rodríguez de la Fuente

editado septiembre 2011 en Biblioteca
Mi hijo se emociona leyendo cosas así, porque el también es de estos que se sentirían inmensamente felices siendo un lobo.

"Yo quiero ser un lobo y vivir en una tierra no contaminada, con bisontes pastando en las praderas como aquellos que quedaron pintados en la cueva de Altamira; y cantaría a la luna por la felicidad infinita de vivir en un mundo así"

Félix Rodríguez de la Fuente


en palabras de su hija:
(http://felixenalaska.blogspot.com/)

Una infancia libre y montaraz, como el mismo denominaba los primeros años de su niñez, le habían permitido sintonizar con el pálpito de la Vida. Al no escolarizarse hasta los 9 años tuvo la fortuna de crecer inmerso en la naturaleza, descubriendo todos sus secretos, dejando su imaginación volar tan libre como aquellos pájaros que le hacían soñar con tierras lejanas y salvajes.

Quizá fue durante aquellos años cuando cargó su corazón de ímpetu para emprender su particular lucha contra el desprecio generalizado que había hacia la naturaleza en España, para atestiguar, viviendo como uno más en una manada de lobos criados por él y mi madre, que aquel temido y odiado animal no era tan feroz como lo pintaban. No solo tenía derecho a vivir sino que incluso representaba el principio y el fin del pacto de armonía y cooperación que un día existió entre “el hombre y la tierra”.

Comentarios

  • Cualquiera no se emociona!! es que no es para menos, con la que está cayendo...
  • ¡qué bonito! Seguro que a mi hijo mayor le encanta también!!
  • editado septiembre 2011
    Lo dicho. Le ha encantado y dice que a él le encantaría ser un tigre de Bengala, su animal favorito, en peligro de extinción. (A mi hijo le encanta Felix Rodríguez de la Fuente.)
  • editado julio 2013
    Rescato este hilo para poner estas palabras de Féliz Rodríguez de la Fuente, citadas en el libro de Casilda Rodrigáñez, La sexualidad y el funcionamiento de la dominación:

    (negritas de casilda)


    El niño se siente profundamente atraído por el animal en cuanto comienza a tener consciencia del mundo que le rodea.  El vuelo de un pájaro, la lenta marcha de un insecto, la súbita aparición de un mamífero salvaje, constituyen para él anécdotas inolvidables que le van familiarizando con su entorno. No creo que exista infancia más feliz como la de los pueblos que hemos osado titular de salvajes. He convivido con los pigmeos y he presenciado la vida y la educación de sus niños.  Casi todas sus apetencias naturales pueden ser realizadas sin inhibiciones.  La tan temida frustración que puede ocasionar profundas alteraciones en la personalidad del hombre, raramente se da en el joven que vive en contacto con la naturaleza.  Ir conociendo las costumbres de los animales de la selva a través de los relatos de los ancianos de la tribu, constituye el primer tesoro del cazador primitivo.  Después observará los movimientos de los seres vivos que le permitirá comprobar la veracidad de los relatos escuchados.  Acompañar al padre en las expediciones de caza es una aventura que proporcionará alegrías sin límites al niño esquimal, bosquimano o pigmeo.  No podemos olvidar que durante más de un millón de años nuestra infancia ha sido como la de estos pueblos de cultura realmente paleolítica.  Y, aunque nuestra planificada, programada y estructurada existencia actual apenas si deja tiempo a nuestros hijos para vivir sus propias y sencillas aventuras, en el fondo de sus corazones y en la masa de sus genes sienten el imperativo ineludible de conocer el mundo viviente que les rodea y participar activamente en la aventura de la vida.

    Por desgracia los programas de estudios cada día más sobrecargados, la existencia en las grandes urbes que ponen una infranqueable barrera de cemento y de hierro a la naturaleza salvaje y la incomprensión utilitaria de ciertos padres de familia, van inhibiendo en el alma del niño sus deseos de contacto con la naturaleza.   Y cuando la congénita canalización humana hacia la aventura al aire libre es abolida, no es extraño que aparezcan más fáciles y viles inclinaciones hacia aventuras de la adolescencia en el destructivo medio de las aglomeraciones urbanas.

    Vivimos más años que nuestros antepasados primitivos, disfrutamos de más confort que los ‘salvajes’, estamos casi exentos de dolor, de muchas enfermedades, del hambre, la sed y de la fatiga.
    Pero nos reímos mucho menos que los pueblos primitivos. Nos aburrimos infinitamente más y carecemos de la espontaneidad, del optimismo permanente y de la fe en sí mismo que tiene el hombre de la naturaleza.  La impresión que han sacado todos los viajeros y etnólogos que entraron por primera vez con tribus de cultura antigua, bien sea en los árticos, en los desiertos sudafricanos o en la estepa australiana, es la de su permanente felicidad, alterada únicamente por los imperativos del medio ambiente, imperativos a los que generalmente, estaban magníficamente adaptados.  Y la hospitalidad, la ayuda mutua, la sinceridad, el carácter ‘infantil’ de los hombres de la naturaleza, son virtudes en las que coincidentodos los científicos que las han estudiado.

    ¿Por qué han perdido los hombres civilizados todas estas carac-terísticas del comportamiento que podrían encerrarse en la palabra ‘espontaneidad’ ¿Por qué tienen que pensar tantas veces las cosas antes de realizarlas? Seguramente porque llevamos mil años alejados de la naturaleza.  Porque nuestras ansias infantiles de conocimiento, de contacto y de amor hacia los seres vivos, han sido transformadas por una educación utilitaria en inclinaciones agresivas que llevan al hombre no a usar sino a abusar de su mundo.  Hoy la preocupación de todos los grandes pueblos de la tierra estriba en la destrucción del medio.  La falta de ética hacia la naturaleza ha llevado a la humanidad a emponzoñar el ambiente en que se desenvuelve…

  • Justo lo he leido hoy y lo he subrayado, jeje ;)
  • Gracias por rescatar el hilo. Curiosamente hoy me he topado con este investigador haciendo una busqueda sobre los lobos y me he quedado leyendo sobre el en la wikipedia. Y despues he visto este hilo... existen las casualidades o es cosa del destino :D ;)
  • editado julio 2013
    pues miraos esto, creo que ya salío antes en el foro, porque me suena haberlo leído antes:

    http://crimentales.blogspot.com.es/2007/10/naturaleza-e-infancia.html

  • Anna, es lo mismo que he puesto yo!!
  • editado julio 2013
    es que iba a pegar otra cosa pero se me pegó lo otro que mandaba por email y perdí lo que quería subir. ainsss, solo tengo un control+copy zorry
    a ver si lo busco de nuevo. debe estar en el historial

  • lo subo aquí porque está relacionado con el tema de los niños y la naturaleza:

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/08/natura/1323383812.html

    Basta recordar nuestra niñez para comprobar que los niños de hoy
    pasan más tiempo frente a las pantallas (990 horas anuales de media, en
    España), sentados en espacios cerrados (el aula, la casa, el automóvil,
    el centro comercial…) que al aire libre. A menudo se quejan de soledad y pueden llegar a tener, como señala Carl Honoré, «400 amigos en Facebook, pero ni uno solo para bajar a jugar al parque».

    Numerosos estudios, en Europa y EEUU, alertan sobre las consecuencias para la salud física y mental de lo que el autor norteamericano Richard Louv ha denominado
    «déficit de naturaleza»: obesidad, estrés, trastornos del desarrollo,
    dificultades de aprendizaje, problemas de atención, de sociabilidad,
    depresión… Incluso una sintomatología tan compleja como la del TDAH
    (Déficit de Atención/Hiperactividad) que en España afecta a entre un 4% y
    un 8% de las criaturas podría deberse, según el neurocientífico Jaak Pankseepp,
    a un exceso de sedentarismo y la falta de juego espontáneo al aire
    libre, actividad que favorece la maduración cerebral, incrementando los
    niveles de dopamina.

    Las cifras, en ocasiones alarmantes, han llevado a expertos como la
    canadiense Cris Rowen a preguntarse por la sostenibilidad de la
    infancia: ¿Podrá la futura generación desarrollar todo
    su potencial? ¿Será capaz de satisfacer sus necesidades? ¿De hacer
    frente a los desafíos? ¿De mantener el bienestar a largo plazo y crear
    relaciones sociales sólidas y satisfactorias?

    Hace unos 10 años, investigadores de la by Browse to Save">Universidad
    de Cambridge (Inglaterra) encontraron que los alumnos de Primaria
    podían nombrar muchos más personajes de la serie «Pokémon», que plantas, animales y minerales de su entorno local.

    Gracias a la tecnología, nuestros hijos están al corriente de la
    deforestación y el cambio climático, aprenden muchas cosas sobre sus
    animales preferidos, e incluso cuidan de ellos en las granjas virtuales
    de Nintendo o de Facebook. Pero el mundo desencarnado y abstracto que les ofrecemos,
    en casa y en la escuela, no les permite relacionarse concreta y
    directamente con la vida. Antes que conocimientos intelectuales,
    necesitan experiencias sensibles: sentir el olor, el tacto y la
    presencia de una oveja o «hacer colonia con pétalos de rosas», recuerda
    la educadora escocesa Claire Warden.

    Derecho al aire libre

    En frases como: «Es hora de sacar a los niños fuera» o «Dormirá bien
    si te das una vuelta con ella», expresamos intuitivamente la necesidad infantil de aire libre
    y espacios abiertos. La evidencia empírica ha demostrado que jugar
    fuera mejora su autoestima y sociabilidad, aumenta su capacidad de
    observación y concentración, favorece la creatividad, la autonomía, el
    desarrollo de habilidades motoras y del lenguaje y, en general, estimula
    todas sus capacidades proporcionando salud y bienestar.
    Pero estos beneficios se obtienen con la regularidad: no basta con
    salir al campo una vez al mes o acudir una semana al año a una granja
    escuela.

    Conscientes de ello, un creciente número de padres y educadores, en América y Europa, apoyan el movimiento «No child inside»
    (Ningún niño dentro). Reclaman que la comunidad internacional reconozca
    (incluyéndolo en la Convención de Naciones Unidas) el derecho
    fundamental de la infancia a estar al aire libre, por lo menos, tanto
    tiempo como el que pasan dentro. Su objetivo es conseguir que nuestras
    casas, escuelas y ciudades, incorporen y se integren mejor en un by Browse to Save">medio ambiente del que todos podamos disfrutar libremente.

    Si los niños necesitan la naturaleza, no es menos cierto que la naturaleza necesita a los niños:
    ellos son el futuro y representan la posibilidad de un cambio de
    conciencia. Pero la falta de contacto puede transformar su curiosidad y
    empatía innatas hacia las cosas vivas, en miedo y repulsión, actitudes
    biofóbicas contrarias a la protección de la biodiversidad amenazada del
    planeta.

    Para el eco-psicólogo Theodore Roszak, los movimientos ecologistas no conseguirán sus objetivos desde posiciones puramente intelectuales: resulta urgente un cambio profundo que restablezca nuestro vínculo emocional con la tierra.

    Las biografías de grandes naturalistas demuestran que ese afecto crece en la infancia, gracias al contacto cotidiano con el medio ambiente.
    Atender a las necesidades de los niños, en vez de empeñarnos en
    construir un mundo exclusivamente adulto, nos permitirá crear una
    sociedad más igualitaria, respetuosa y acogedora hacia todas las formas
    de vida. Está en juego la sostenibilidad de nuestra especie… y la de
    todo el planeta.


    Heike Freire es pedagoga. Acaba de publicar el libro 'Educar en verde' ( Editorial Graó).
  • Muy interesante Anna
  • Wow, menudo discurso!!! Me identifico con el y me siento feliz en dias como hoy viendo a los niños pasar de vida artificial para centrarse en la naturaleza, a su aire y sin limites!
  • Y nosotros aquí rodeados de asfalto
    :((
  • -- Pero la falta de contacto puede transformar su curiosidad y
    empatía innatas hacia las cosas vivas, en miedo y repulsión, actitudes
    biofóbicas contrarias a la protección de la biodiversidad amenazada del
    planeta --

    Y pueden ser personas mas miedosas, mas maniaticas, les puede faltar agilidad, y todo esto luego lo transmiten a sus propios hijos y estos...?
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