"¿Quieres que tu hijo vaya a la universidad? Déjalo jugar"

editado noviembre 2011 en Biblioteca
http://mexico.cnn.com/salud/2010/12/30/quieres-que-tu-hijo-vaya-a-la-universidad-dejalo-jugar

"¿Quieres que tu hijo vaya a la universidad? Déjalo jugar"
Una pareja de académicos argumenta que los niños tienen mejor capacidad de aprender e interactuar a través de un programa basado en el juego
Por Erika Christakis y Nicholas Chistakis


(CNN) — Cada día en nuestro lugar de trabajo vemos a nuestros jóvenes estudiantes luchar en la transición de la casa a la escuela. Son chicos maravillosos, pero a algunos les cuesta trabajo escuchar y otros no logran compartir de manera exitosa en un grupo.

Algunos tienen problemas para controlar sus impulsos y mantener sus manos quietas; otros no siempre ven que sus acciones tienen consecuencias; algunos pocos sufren de una terrible ansiedad por separación.

No estamos hablando de niños de preescolar. Estos son los estudiantes universitarios de Harvard a quienes enseñamos y aconsejamos. Todos saben cómo trabajar, pero algunos de ellos no han aprendido a jugar.

Padres, educadores, psicólogos, neurocientíficos y políticos generalmente caen en uno de estos dos campos en lo que respecta a preparar niños muy pequeños para la escuela: el basado en juegos o el basado en habilidades.

Estos dos tipos de planes de estudio a menudo se enfrentan entre sí: Si quieres proteger la infancia de tu hijo, dice el argumento, elige un programa basado en el juego; pero si quieres lograr que asista a Harvard, asegúrate de repasar el abecedario cada noche antes de acostarlo.

Nosotros pensamos que más bien es al revés. En cualquier caso, si quieres que tu hijo sea exitoso en la universidad, el plan de estudios basado en el juego es la mejor opción.

De hecho, nos preguntamos por qué el juego no es alentado en los periodos educativos más tardíos en el desarrollo de vida de los jóvenes.

Una de las mejores formas de predecir el éxito escolar es la habilidad de controlar impulsos. Los niños que pueden controlar su impulso de ser el centro del universo y, por tanto, que pueden asumir la perspectiva de otra persona, están mejor preparados para aprender.

Los psicólogos llaman a esto la “teoría de la mente”: la habilidad de reconocer que nuestras propias ideas, creencias y deseos son distintos de los de las otras personas que nos rodean. Cuando un niño de cuatro años destruye el castillo de bloques cuidadosamente construido, o un chico de 20 años acostumbra monopolizar beligerantemente la discusión, podemos concluir que no está consciente de los sentimientos de la gente que lo rodea.

La belleza del plan de estudios basado en el juego es que los niños muy pequeños pueden observar y aprender rutinariamente de las emociones y experiencias de los otros niños. Por otro lado, el programa basado en las habilidades, es llamado a veces de manera burlona “programa de perforar y matar” porque la mayoría de los profesores entienden que los niños pequeños no pueden aprender significativamente en el aislamiento requerido para ese método.

¿De qué manera son diferentes estos acercamientos en el salón de clases?

Los preescolares en ambos programas pueden aprender sobre ardillas en hibernación. En el programa basado en habilidades se les pediría a los niños llenar una hoja de trabajo, contando (o adivinando) el número de nueces en una canasta y colorear el pelaje de la ardilla.

En el programa basado en juegos, en contraste, los niños escucharían historias acerca de las ardillas y se les preguntaría por qué creen que las ardillas almacenan nueces o tienen pelaje. El niño podría colaborar con sus compañeros en la construcción del hábitat de una ardilla, aprendiendo no sólo acerca del sentido numérico, medidas, y otros principios de ingeniería, sino además cómo escuchar y expresar ideas.

El niño que llena una hoja de trabajo está realizando una tarea más dimensionable, pero el niño en el programa basado en juegos, interactúa significativamente con compañeros, materiales e ideas.

Los programas centrados en juegos constructivos y moderados por un profesor son muy efectivos. Por ejemplo, una prueba controlada y al azar hizo participar a niños de 4 y 5 años de edad en un juego de imaginación con adultos, y encontró ganancias sustanciales y duraderas en la habilidad de los niños de mostrar autocontrol y retrasar la gratificación. Muchos otros estudios han demostrado la relación entre los juegos de actuación dramática y la autorregulación.

Los funcionarios de admisiones de las universidades selectas gustan de decir que una clase entera de alumnos de primer ingreso podría estar llena de estudiantes con notas y pruebas perfectas. Pero el logro académico en la universidad requiere habilidades de preparación que van más allá del aprendizaje en los libros. Requiere la habilidad de participar activamente con la gente y las ideas. En resumen, requiere una conexión más profunda con el mundo.

Para un niño de cinco años, esta conexión comienza y termina con la creación, cuestionamiento, imitación y la contribución que caracteriza a los juegos. Cuando negamos a los niños pequeños la oportunidad de jugar, les negamos el derecho de comprender el mundo. Para el tiempo en que asisten a la universidad, les hemos negado la oportunidad de arreglar el mundo también.



Nota del Editor: Erika Christakis es maestra en Salud Pública y en Educación, ex directora de una escuela preescolar y profesora de desarrollo temprano.

Nicholas Christakis, doctor en medicina y en filosofía, es un profesor de medicina y sociología en la Universidad de Harvard. Juntos trtabajan como Masters de la Pforzeimer House, una de las residencias para no graduados en el Colegio de Harvard.

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