Pedagogia o derecho penal? Enrique Martínez Reguera

editado noviembre 2011 en Biblioteca
¿PEDAGOGÍA O DERECHO PENAL?


La Educación y el Derecho Penal, aún siendo ambos asuntos necesarios, son tan diferentes, que jamás debieran ser confundidos. Por eso estoy convencido de que, tal como se están utilizando, tanto la Ley Penal de Menores como el Decreto de Derechos y Deberes de los Alumnos, nos están desorientando y empujando a cometer errores garrafales.
Estamos padeciendo una intensa campaña mediática que trata de convencernos de que los niños se nos han vuelto peligrosos. Y para remediarlo ponen policías en el entorno del colegio o hasta en las aulas, se editan libros sobre niños que pegan a sus papás o a sus maestros, se multiplican las tertulias televisadas repitiendo la misma cantinela, profesionales de la justicia irrumpen en las revistas de pedagogía, se pretende introducir un abogado en cada escuela e instituto... en definitiva, que suplantar la responsabilidad moral por las responsabilidades civiles podrá suscitar no pocos intereses y mover mucho dinero.

Educar, consiste en lograr de los niños un proceso de interiorización, con lo mejor del mundo de los adultos. Una especie de trasvase de nuestra visión de la realidad, de nuestros valores, criterios, deseos, hábitos o costumbres. Que procuramos que los niños entiendan, imiten, asimilen y compartan. Se trata de una labor de naturaleza tan personal, que requiere entre educador y educando no poca complicidad y mutua condescendencia. Y Pedagogía es el conjunto de habilidades para conseguir ese trasvase de los adultos a los niños.
Al educar se parte de ciertas diferencias: adulto/niño, maestro/discípulo, pero sin que supongan demasiada jerarquía, porque la relación se establece en paridad, entre persona y persona o grupo de personas. Por eso en la educación deberá haber mucha implicación pero nunca coacción, porque de lo contrario los niños se enquistan y les resulta más difícil “digerirnos”. Los valores, las creencias, las costumbres, cuando son impuestas, a lo más pueden conseguir sometimiento, pero no identificación, no interiorización, no pasan a formar parte de las propias opciones y de uno mismo. Por eso pretender educar por la fuerza es aberrante, entraña una contradicción.
Hoy, muchos jueces y muchos profesores parecen haber olvidado estas cosas.
En cambio no es aberrante exigir lo que sea de derecho, incluso por la fuerza. El Derecho a diferencia de la pedagogía es imperativo; e incide sobre nosotros desde el exterior, sin necesidad de que lo llevemos interiorizado, incluso sin necesidad de que lo conozcamos; simplemente se promulga y por eso ya nos concierne. Con eso le basta.
La mejor pedagogía puede fracasar, no conseguir que el niño asimile los valores del mundo adulto, o ni siquiera lo imprescindible para la convivencia, por ejemplo el ¡no matarás! Ese es el momento en que se debe hacer presente el derecho penal y con todo vigor: “esto, en ningún caso te lo vamos a consentir”. Es entonces cuando debe entrar en juego el poner lindes y mojones al espacio de cada cual. La pedagogía es para educar y con eso ya tiene bastante. El derecho penal, para prohibir cuando la pedagogía no fue suficiente; y con eso le basta también. El profesor debe ganarse al alumno, de lo contrario remará contra viento y marea. El juez no tiene por qué ganarse a nadie, aplica la ley y le basta; es más, no conviene que se implique en la vida del inculpado.
Los niños, cuyo mundo interior se va construyendo progresivamente, necesitan aprender a distinguir la “conciencia” de culpa, materia de la educación, de la “atribución” de culpa, materia del derecho penal. Son cosas diferentes. Uno puede saberse culpable sin ser acusado y también puede ser condenado aún sabiéndose inocente. La conciencia nos achaca responsabilidad “desde nuestro interior”, la atribución de culpa nos señala “desde fuera” como dignos de reproche. El saberse responsable, tarea que compete a la educación, es signo de madurez, el saberse controlado, tarea que compete al derecho penal, no supone madurez alguna. Son cosas muy diferentes. La suplantación de los necesarios procesos interiores por simples coerciones externas, deshumaniza, es la diferencia que va de educar a domesticar. Al Poder le encantaría que la responsabilidad y la conciencia y el sentido común propio y la propia experiencia de cada uno fueran asimilables y reducibles a las convicciones oficiales y sólo reclamaran control externo, pero la realidad no es así. Por eso es tan peligroso el que hayan sembrado las leyes de menores de conceptos tan marrulleros y opinables como “el interés prioritario del menor”, ¿quién lo define y determina en cada momento?, y no digamos de conceptos tan antijurídicos por indefinibles como la noción de “riesgo”, máxime aplicada como adjetivo “niños de riesgo” “grupos de riesgo”.
Por eso me produce tanta perplejidad y desconfianza el ver cómo se van infiltrando criterios pedagógicos en el texto de leyes penales. Y todavía más cuando den origen a una “jurisdicción especial” “por el bien prioritario del menor” o “por las intenciones educativas”. Por debajo de tan candorosas intenciones siempre corrió el río revuelto de los turbios intereses: educadores denunciando alumnos para eludir responsabilidades, jueces esgrimiendo su talante pedagógico para eludir garantías jurídicas, policías subjetivando en los niños la conflictividad académica o social y ya de paso engrosando su fichero; todos suplantando a todos, todos en flagrante intrusismo profesional. Un educador dictando sentencias resultaría grotesco y no sé por qué ha de serlo menos un juez dictando “medidas pedagógicas”. El maestro debe ser confidente de su alumno antes que del juez; la denuncia es labor del policía, no del profesor. Y luego se quejarán de que los niños les pierden el respeto. Se trataría de un morrocotudo despiste del legislador, si no atufase más bien a empeño premeditado, para vaciar de contenido la autonomía académica y a educadores y educandos de interioridad, reduciendo las conciencias, la ética, la legitimidad, a mero control y orden público.
Me parecerá pésimo cualquier diseño de política educativa que, como la actual, otorgue tanto protagonismo a la norma, a los Derechos y Deberes de los Alumnos, a que la norma sea respetada; y en cambio tan escasa atención, a la interiorización de la norma, a su justificación, su motivación, su aprendizaje. Para el Derecho es prioritario lo que esté promulgado, para la Pedagogía es prioritario el que deba y llegue a ser asumido; el Derecho reclama cumplimiento, la Pedagogía reclama consentimiento e interiorización.
Se me dirá que las normas también son un elemento fundamental en el aprendizaje de la vida, y es cierto; pero también ahí asoma la diferencia entre lo que nos viene dictado desde fuera y lo que nos dicta nuestra conciencia y sentido común.
Las necesidades biográficas de las personas no siempre coinciden exactamente con los intereses, también legítimos, de las disposiciones e instituciones del Estado. La educación debe dar prioridad a las necesidades del niño, el Derecho vela por las necesidades de la sociedad en su conjunto.
Pedagogía y Derecho son pues dos disciplinas esencialmente diferentes. Y me preocupa ver a jueces adoctrinando sobre el interés prioritario de los niños y sobre la función educativa de la privación de libertad, mientras vemos pedagogos derivando sus responsabilidades a instancias de control y orden público.
En resumidas cuentas: que abusando del discurso pedagógico, la política del Capital/Estado, está ganando su partida a Educación y Justicia.


Enrique Martínez Reguera
Madrid, marzo de 2011

Comentarios

  • mmmm.... :-?
    "el Derecho reclama cumplimiento, la Pedagogía reclama consentimiento e interiorización" mmmm :-?
    esto me huele a pedagogía negra / pedagogía blanca ....L-)
    todavía no se si me gusta o no me gusta,
    voy a volverlo a leer :(|)
  • editado noviembre 2011
    gracias Daragh, como Creu aún no sé si me gusta del todo, pero...

    con lo que estoy de acuerdo es que cuando el aumento de mal rollo con los menores se compense con medidas policiales y autoritarias solo puede llevarnos al abismo. Anoche tuve una conversación intensa con unos amigos sobre el tema: los niños son desobedientes cada vez más y eso se nota en las aulas, no tienen miedo ni al director, NO SABEN EN QUE MUNDO VIVEN y necesitan límites y seriedad. Eso para que sepan en el futuro TOLERAR LA FRUSTRACIÓN. complicado.
  • ay, si. Gracias Daragh... pero....... hay algo que no me cuaja...
  • creo que en la otra vida fuí "mosca cojonera" :p
  • :-))
    es que no te enseñaron a tolerar la frustración y ya ves :-))
  • Gracias por el aporte; para saber algo más de Enrique Martinez Reguera:

    http://pulgasydragones.blogspot.com/2011/11/martinez-reguera-precision.html

    Creo que es fundamental leer a este hombre en su contexto de educador social, de quien se está dejando el pellejo por acompañar a los chavales y chavalas "en riesgo de exclusión" (como le gusta decir a la administración), y que es muy consciente de que el problema es una crianza deficiente 8por llamarla de algún modo9 y que lo que en verdad necesitan es el calor y la comprensión que compense esa falta de crianza amorosa.

    Para algunas de las personas que trabajamos en esto de "lo social", Martinez Reguera es una voz crítica indispensable.
  • editado noviembre 2011
    Es cierto. Todo hay que leer en su contexto.
    el texto del blog es muy bueno. gracias :)

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