"Dejen a los niños en paz, solo son un espejo"

editado mayo 2011 en Biblioteca
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67202

Una reflexión sobre la escuela, el poder y la violencia
Dejen a los niños en paz, solo son un espejo

Emilio Delgado
Rebelión


Desde los púlpitos mediáticos llevamos no poco tiempo escuchando que las escuelas son, más o menos, campos de batalla en los que sufridos profesores ven a diario como sus alumnos afectados por una especie de “síndrome del salvajismo” no conocen límites a la hora de incordiar, molestar, agredir o vejar.

L@s alumn@s más interesados en dar palizas y grabarlas con el móvil que en estudiar, necesitan, por lo visto, mano dura.

Y en mitad de ese discurso aparecen decretos de “convivencia”, sanciones, expedientes, inspectores y una apuesta decidida por fomentar la educación privada.... que no parecen estar dando respuesta al problema puesto que, lejos de desaparecer, se está convirtiendo paulatinamente en parte del paisaje escolar y la crónica diaria.

En este problema, como en tantos otros, surge la pregunta que repiten televisados expertos, sesudos tertulianos... ¿Qué está fallando en el sistema.?

Sin embargo, creo que existe una pregunta previa, silenciada y fundamental.... ¿De verdad está fallando.?

¿Es cierto que no funciona el sistema escolar.?

La respuesta a esta pregunta depende fundamentalmente de los objetivos que se hayan marcado para dicho sistema. Es absurdo quejarse de que el congelador no calienta, de que la ducha no aspira bien o de que la pecera no cambia de canal. Es absurdo porque no fueron diseñados para esos menesteres.

Si todo el andamiaje de la educación primaria, secundaria, formación profesional, universidad, etc... está orientado a la formación de ciudadanos libres, responsables, cultos, felices y solidarios como parecen asegurar los preámbulos de las leyes que rigen la educación , entonces la respuesta evidentemente es que si, que está fallando estrepitosamente. La alta conflictividad en la comunidad educativa, la proliferación de centros de reforma para menores, el incremento de la violencia social que vivimos cada día, el adelanto en la edad de inicio del consumo de drogas o el escaso interés de la juventud por el conocimiento y la cultura que se desprenden de numerosos informes, parecen dejar claro que esos objetivos no se estarían alcanzando ni de lejos.

Puede argumentarse que el objetivo es más bien el de ofrecer simplemente un formación técnica que permita a l@s jóvenes competir en el mercado laboral. Triste objetivo sería este que relega a un segundo plano aquello de vivir en un mundo mejor, pero es que ni por esas. Cerca de un 30% de fracaso escolar, un altísimo grado de absentismo o unos resultados académicos que son la risa de Europa según informes de la UE, son indicadores de que tampoco este objetivo se está cumpliendo.

Podríamos, en cambio, atender a los maquiavélicos empeños de miles de educadores encuadrados históricamente en trayectorias como la escuela nueva, las pedagogías libertaria o socialista, autores con nombres propios reconocidos mundialmente en el campo de la pedagogía como Ferrer y Guardia, Robin, Freinet, Illich o Reimer , sociólogos y filósofos como Bourdieu, Passeron, o Althusser parecen señalar que los objetivos de los sistemas escolares de los regímenes capitalistas son otros muy distintos.

Si analizamos las instituciones escolares en las que dejamos a nuestros hijos e hijas, su funcionamiento y organización, sus formas cotidianas, etc... es posible que avancemos algo en esta cuestión.

Si el objetivo es hacer partícipes de la vida en sociedad a personas buenas, con un fuerte sentido democrático, ilustradas, con inquietud intelectual y espíritu crítico, capaces de desarrollar al máximo todas sus potencialidades, el entorno entonces, eso que se da en llamar “comunidad educativa” debería constituir un marco referencial, un modelo del que alumnas y alumnos pudieran tomar buena nota.

Un entorno democrático, participativo, pedagógico, integrador... estimulante.

Si el objetivo propuesto fuera el de extraer de las personas lo mejor de sí mismas, el de acompañar y facilitar el desarrollo personal y educativo de tod@s por igual, la actividad educativa giraría en torno al alumnado, a sus características y demandas, aprovechando la curiosidad de éstos para mediar entre la escuela y la vida. En un contexto así, el profesor pasaría a un segundo plano, su figura sería más la de un facilitador que estimula y provoca, que la de un cura que adoctrina y castiga.

Sin embargo, el entorno cultural escolar está mediado por núcleos de poder (profesores, libros de texto cuyos contenidos trataremos a continuación, reglamentos de régimen interno formados por normas impuestas y nunca consensuadas, etc...) que impregnan la educación y la cultura de ideología. Una ideología que establece la máxima de bienestar igual a consumo. Una ideología que propugna que tendrá más capacidad para consumir el que más títulos acumule. A la larga, una maquina de fabricar frustrad@s.

En ese papel de sumos sacerdotes, abundan prácticas pedagógicas que niegan la bidireccionalidad de la educación y que se asientan sobre estructuras piramidales de poder de manera que en este medio queda claro el mensaje.
(...)


(artículo entero adjunto)

Comentarios

  • Solo he leído el extracto, no el artículo entero, pero totalmente de acuerdo, "es inútil quejarse de que el congelador, no calienta"... :-"
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